Parábolas: La resurrección de los muertos
Se le acercaron unos fanáticos religiosos, que estaban en contra del cambio de mentalidad que Leo proponía:
Y el Maestro les dijo:
-Estáis muy equivocados, porque no comprendéis al Gran Espíritu. ¿No habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: "Yo soy el Dios de Abraham y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob"? Pues ese Dios no es un Dios de vivos, sino de muertos. Porque tanto ese Dios como Moisés, Abraham y todos los que vinieron después, pertenecían a la Gran Mentira. Tenían la mentalidad cambiada, y eran adúlteros. Sin embargo, el Gran Espíritu no pertenece a esta civilización ni escribe en libros. Y naturalmente, es un Dios de vivos.
Enmudecieron. Y nadie se atrevía a seguir preguntándole.
A Leo le reprochaban que, habiendo nacido en el mundo civilizado, como él decía, no procediera conforme a la religión de sus antepasados. Ante estos reproches, Leo respondía:
-Ya os he explicado que mi Dios no pertenece a este mundo. Mi Dios es animista, y es Dios de vivos. Bien dijo Isaac de vosotros, hipócritas, según está escrito:
"Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
En vano me dan culto,
enseñando doctrinas que son
preceptos humanos".
-Vosotros dejáis a un lado al Gran Espíritu y os aferráis a la tradición de los hombres de la Gran Mentira.
Algunos puros de corazón se acercaron a Leo a decirle:
-Maestro, ¿sabes que los fanáticos religiosos se han sentido ofendidos al oír tus palabras?
Leo les respondió:
-Toda planta que no haya plantado el Padre-Mente será arrancada de raíz. Dejarlos; son ciegos, guías de ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, caerán ambos en el precipicio.
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