(XXVII) Un breve intervalo
Al mediodía siguiente, antes de que la gente llegara, se detuvo junto al ala de mi avión.
-¿Recuerdas lo que dijiste cuando descubriste mi problema? ¿Que nadie me escucharía, por muchos milagros que hiciera?
-No.
-¿No recuerdas en absoluto esa circunstancia?
-Si, recuerdo la circunstancia. De pronto me pareció que estabas muy solo. No recuerdo lo que dije.
-Dijiste que depender de que a los demás les interese lo que digo equivale a depender de los demás para ser feliz. Eso es lo que vine a aprender aquí: el comunicarme o no, es indiferente. Elegí este ciclo vital íntegro para explicarle a alguien la forma en que está organizado el mundo, y lo mismo me habría valido para no decir absolutamente nada. Lo que Es no necesita que yo me ocupe de propalar cómo funciona.
-Eso es evidente, Leo. Podría habértelo dicho yo.
-Muchas gracias. Descubro la única idea que me propuse encontrar al vivir esta vida, concluyo el trabajo de toda una existencia, y me dices: <<Es evidente, Leo>>.
Reía, pero también estaba triste, y en ese momento no pude saber por qué.
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