Parábolas: ¿Es Leo Salvador el Anticristo?

   Por fin estamos listos para abordar este problema tan difícil que tantos de vosotros me piden que solucione. Una y otra vez me dicen: "¡Dígame como explicar que usted no es el Anticristo!".


   Tenéis que empezar por comprender qué representa el Anticristo. Todos los comentaristas serios acerca del tema coinciden en que Anticristo es sólo el último nombre que se dio a una antigua figura de la leyenda religiosa de esta civilización... mucho más antigua que el Cristo a quien el nombre lo hace oponerse. En otras palabras, no representa la antítesis de Jesucristo. Todas las religiones soteriológicas de la civilización han temido la aparición de alguien que desviara a los justos de los senderos de la salvación. El Anticristo no es sólo la antítesis de Jesús. Es igualmente la antítesis de Krishna, de Buda, de Moisés, de Mahoma... de todos los salvadores y proveedores de salvación del mundo. Es en realidad el Antisalvador.


   La leyenda del Anticristo ha estado casi siempre acompañada por la idea extraña y casi risible de que su atractivo será su maldad desenfrenada. Esto demuestra qué opinión tan pobre tienen de nosotros, los animistas, las religiones soteriológicas civilizadas. Así nos desprecian, creyendo que anhelamos el mal, la vileza y la corrupción, y que seguiremos como esclavos a cualquiera que nos prometa estas cosas.


   De manera que ya estoy preparado para deciros cómo enfrentarse a quiénes acusan a Leo Salvador. Cuando os digan: "Leo Salvador es el Anticristo", no creáis que están haciendo algo admirable si respondeis: "Oh, no,no,no, usted no lo comprende", porque estos acusadores sí lo comprenden.


   Cuando os digan: "Leo Salvador es el Anticristo", he aquí lo que debéis responder. Decirles: "Sí, tienen razón, toda la razón. Leo se propone apartar de ustedes el corazón de las personas para que el mundo pueda vivir. Leo se propone reunir las voces de los seres humanos de todo el planeta en una sola voz que cante: ¡El mundo debe vivir! Somos una sola especie entre miles de millones. Dios no nos ama a nosotros más de lo que ama a las arañas, a los osos, a las ballenas y a los nenúfares. La época de la Gran Mentira ha terminado, y todas sus mentiras y engaños se han disipado. Ahora recordamos quiénes somos. Nuestros parientes no son los querubines, los serafines, los ángeles, los tronos, los principados ni las potestades. Nuestros parientes son los moscardones, los lémures, las serpientes, las águilas y los tejones. La ceguera que sufrimos durante la Gran Mentira ha desaparecido. Ya no imaginamos que el Hombre fue hecho de manera defectuosa. Ya no imaginamos que Dios cometió una torpeza a la hora de crearnos. Ya no creemos que sabía crear hasta el último ser del vasto universo, todo menos un ser humano. La ceguera que sufrimos durante la Gran Mentira ha pasado, de manera que ya no podemos vivir como si ninguna otra cosa importara excepto nosotros. Ya no podemos creer que el sufrimiento es la suerte que Dios nos tenía reservada. Ya no podemos creer que la muerte sea la dulce liberación hacia nuestro verdadero destino. Ya no soñamos con llevar coronas de oro en la corte del paraíso".


   Decirles: "Tienen razón en ver qué nos estamos desviando del camino de la salvación. Nos estamos desviando de ese camino exactamente como ustedes temieron desde siempre. Pero escuchen, no nos estamos desviando del camino de la salvación por culpa del pecado y la corrupción, como ustedes imaginaron desde siempre. Nos estamos desviando del camino de la salvación porque recordamos que una vez pertenecimos al mundo y fuimos felices con esa pertenencia. Nos estamos apartando del camino de la salvación... pero no por amor al vicio y a la maldad, como ustedes despectivamente imaginaron que haríamos. Nos estamos desviando del camino de la salvación por amor al mundo, como ustedes no soñaron ni siquiera una vez en mil años de sueños".


   Juan el Evangelista escribió: "No debéis amar al mundo, ni las cosas del mundo, porque aquellos que aman al mundo son extraños al amor del Padre". Luego, sólo dos frases después, escribió: "Hijos, ¡la hora final se acerca! Habéis oído que viene el Anticristo. No es uno sino muchos, y cuando esos muchos estén entre nosotros, sabréis que ha llegado la hora final".


   Juan sabía de lo que hablaba. Tenía razón en prevenir a sus seguidores en contra de los que aman al mundo. Hablaba de nosotros y ésta es la última hora... pero es su última hora, no la nuestra. Ellos han tenido su día y ésta es sin duda la última hora de ese día.


   Ahora empieza nuestro día...


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