Parábolas: El joven rico

   Un hombre importante y rico le preguntó:


   -Maestro, ¿los ricos tenemos negado el derecho al reino de los cielos?


   Leo sonrió. Luego le dijo:


   -Cuando yo menciono el reino de los cielos me refiero a un estado mental, no a un lugar físico o celestial. Y en verdad te digo: es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico cambiar de mentalidad.


   -¿Por qué dices eso, Maestro?


   Leo respondió:


   -Porque las necesidades materiales de los ricos son infinitamente menores que la de los pobres, y cambiar de mentalidad en ese sentido le resultará más sacrificado al rico.


   El hombre rico replicó:


   -Disculpa, Maestro, pero todavía no comprendo a donde quieres llegar con esta comparación.


   Y Leo le dijo:


   -La Caída se produjo por un cambio de mentalidad. La mordida de la manzana dió paso a una nueva actitud mental que nos hizo creernos tan sabios como el Gran Espíritu. Esa nueva visión de los caín dió origen a un nuevo estilo de vida basado y cimentado en la agricultura. No sé trataba de un estilo de agricultura cualquiera. Fue un estilo de agricultura que ha sido la base de la civilización (Oriente y Occidente) desde sus comienzos. Por su total impiedad hacia cualquier forma de vida en este planeta, y por su firme determinación de convertir cada metro cuadrado de este planeta en terreno propicio para la producción de alimento humano, se le ha dado el nombre de agricultura totalitaria. Y la pregunta que debes hacerte es la siguiente: ¿Quién tiene más y mejor acceso al alimento en el mundo civilizado, los pobres o los ricos?


   El hombre importante respondió que los ricos.


   Leo añadió:


   -Obviamente. Pero además de esta ventaja que los ricos tienen sobre los pobres, a los que les dificultan el acceso al alimento, les da otra ventaja extra: les da PODER. Si reflexionas mis palabras, entenderás que no son las condiciones espirituales las que crean los cambios materiales, sino que son las condiciones materiales las que crean los cambios espirituales. Fueron las fuerzas económicas del estilo de vida civilizado las que crearon los cambios y, de esa manera, impulsaron la historia hacia adelante.


   "La base de nuestra sociedad cultural está cimentada en la agricultura totalitaria. Los propietarios de los medios de producción de alimentos son los ricos que tienen el poder. Y son éstos los que deciden las condiciones políticas e ideológicas que existen a lo largo y ancho del mundo civilizado. No es ninguna casualidad que la clase dominante de nuestra sociedad decida lo que es bueno o lo que es malo...para ellos. La Gran Mentira es una historia de lucha de clases. Es decir, que nuestra Historia trata, sobre todo, de quien va a ser propietario de los medios de producción de alimentos. ¿Comprendes ahora por qué digo que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico cambiar de mentalidad?


   Leo provocó una enorme expectativa y revuelo porque puso claramente ante los ojos de la gente la malicia y el peligro de su estilo de vida. Leo analizó en profundidad la relación recíproca y dialéctica entre el ser humano y la Madre Naturaleza. Cuando el Hombre trabaja la Naturaleza, la Naturaleza también trabaja al Hombre. Dicho de otra manera: cuando el Hombre trabaja, interviene en la Naturaleza y deja su huella en ella. Pero en ese proceso laboral también la Naturaleza interviene en el Hombre y deja una huella en su conciencia: "Por sus frutos lo conocerás".


   El cómo trabajamos marca nuestra conciencia, pero también marca nuestra manera de trabajar. Leo decía que hay una relación recíproca entre la mano y el espíritu. Así, la conciencia del Hombre está en estrecha relación con el fruto de sus obras.


   En el sistema civilizado, el hombre trabaja para otro. Y el trabajo se convierte en algo fuera de él. El hombre civilizado es un extraño a su propio trabajo y por tanto también se convierte en un extraño de sí mismo. Pierde su propia realidad humana. En el mundo civilizado (Oriente y Occidente) el trabajo está organizado de manera que el trabajador está realizando, en realidad, un trabajo de esclavo para otra clase social, cosa que en la vida tribal de los pueblos indígenas no sucede. Así, el trabajador transfiere su propia fuerza laboral, y con ello, toda su existencia humana a los propietarios de los medios de producción.


   Es cierto que las condiciones laborales y económicas de la civilización cambiaron mucho a través de los tiempos, pero en mayor o menor medida, el trabajador sigue siendo considerado un animal, una mera mercancía, un signo pasivo con el que experimentar, un esclavo de la cadena productiva.


   En el mundo civilizado el dinero es dios, y la economía la nueva metafísica que determina el destino de generaciones enteras. Ha destruido la armonía, el amor, el significado de lo sagrado, la vida del espíritu, el contacto con Dios y con la Naturaleza y el uso de la imaginación. La barbarie se alimenta de una sociedad sin sentido. No hay ningún Dios sensato y bueno. La civilización lo ha aniquilado.


   La particular visión del mundo y las intenciones de mejorarlo, hicieron de Leo Salvador un hombre peligroso para las clases dominantes y acomodadas, a quienes no les gustaba lo que oían.


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