5.2 Acerca de la naturaleza de las leyes tradicionales
A medida que pasaba el tiempo y el vacío aumentaba de tamaño, se hizo evidente que se necesitaba alguna forma nueva de ley. Como la ley tribal se había vuelto obsoleta, no quedaba más remedio que empezar a inventar leyes...
Naturalmente, ésta es una idea sorprendente, la idea de que las leyes no podían ser SINO INVENTADAS... pero ése es exactamente el punto destacable de las leyes tribales. Las leyes tribales nunca son leyes inventadas, siempre son leyes TRANSMITIDAS. Nunca son obra de comités de individuos vivos, sino siempre de la evolución social. Están formadas del mismo modo que se ha formado el pico de un pájaro o la garra de un topo: en consecuencia con lo que funciona. Nunca reflejan la preocupación de una tribu por lo que es "bueno" o "indicado" o "justo", sencillamente funcionan para esa tribu en especial. Lo expondré con un ejemplo que te aclarará la diferencia entre las leyes tribales tradicionales y las leyes inventadas por comités. He aquí cómo los alawa de Australia tratan el tema del adulterio.
Un joven soltero de la tribu de los alawa se encuentra en la desgraciada circunstancia de sentirte atraído por Julia, la esposa de su primo segundo, y de saber que ésta se siente atraída por él. Ahora bien, su primo segundo es una persona excelente, y él no le haría daño adrede, pero estas cosas suelen suceder: el joven y la mujer de su primo segundo son víctimas de un amor "loco".
Sin duda es muy conmovedor y patético. Al vivir en el mismo campamento, no pueden por menos de verse a diario. Giran el uno alrededor del otro como estrellas binarias, atraídos por una fuerza y separados violentamente por otra. Lo que leen en los ojos del otro es simple, pero aún no lo han probado. Anhelan probarlo, pero...saben que la prueba tendrá un precio inevitable.
No importa. Pronto llega el día en que no pueden aguantar más. El fuego del amor les quema vivos. Un día, al pasar por las afueras del campamento, la ve de frente. Julia baja la mirada con pudor, como siempre, pero la decisión del joven es firme. "Esta noche", susurra él, al pasar el tamarindo que hay al otro lado del arroyo".
Julia vacila un momento para consultar con su propio corazón, pero también sabe que ha llegado el momento: "Al salir la luna?" "Al salir la luna". Julia asiente y huye corriendo con el corazón a punto de estallar de alegría y de temor.
Esa noche el joven llega allí con un poco de antelación, para preparar el nido amoroso, la morada de pasión. Julia llega por fin. Sus manos se tocan. Se abrazan. !Ah!
Horas más tarde, agotados de tanto placer, se sientan junto a una pequeña hoguera y contemplan las llamas hasta que despunta el alba. Cambian una mirada y hay más cosas escritas en esa mirada que en todos los mimos y caricias de la noche. Los dos han probado su pasión. Ahora, dice esa mirada, es hora de probar el amor.
Con un suspiro, apagan el fuego y vuelven al campamento, procurando no arrastrar los pies. Sus rostros tienen una emoción contenida. La exultación sería infantil e insolente. La vergüenza sería la negación del amor. En cambio, lo que se ve en ellos es algo parecido al reposo, la aceptación, la fortaleza. Los dos saben lo que van a ver, y lo ven sin falta. A un lado del campamento están dispuestos los hombres, ya hirviendo de furia. Al otro lado esperan las mujeres, ardiendo de indignación.
Cambian otra mirada, esta vez más breve que el aleteo de un mosquito, y luego se ven envueltos por una ola de ira. Los hombres caen sobre el joven, las mujeres sobre ella. Piedras lanzadas y bumeráns vuelan por el aire. Se esgrimen palos y garrotes. Pero los dos amantes no se quedan quietos. Ambos pelean por su amor, respondiendo a los gritos con gritos, a las piedras con piedras, a las lanzas con lanzas, a los golpes con golpes. Hasta que finalmente todas las armas y los combatientes quedan exhaustos.
Julia, sangrante y apaleada, es devuelta a su esposo y al joven le dicen que haga los bártulos y se largue de allí si sabe lo que le conviene. Aunque durante un rato los hombres están exhaustos, su furia no lo está, y cuando ellos se recuperen, el joven volverá a ser su víctima, de manera totalmente legítima. Así que él lía su hatillo, mientras piensa. Piensa muy intensamente. La prueba de su amor no ha terminado, sólo acaba de empezar. Las próximas horas serán la verdadera prueba, y esta prueba estará sólo en su cabeza y en su corazón. Abandona la aldea sabiendo que todavía tiene una alternativa...
La cuestión es: quiere de verdad a la mujer? La quiere más que a ningún otro ser que ame en el mundo? Si no es así, si hay la menor duda... entonces irá por ahí deambulando durante unas semanas. Cuando regrese, la furia de los hombres se habrá mitigado. Se burlarán de él durante un tiempo y luego olvidarán todo. Julia... Ah, Julia lo conocerá tal como es, un seductor pusilánime, un hombre vacuo, engañoso, y nunca lo olvidará. Y como es lógico, habrá un precio que pagar al primo segundo. Pero todo esto es soportable. La alternativa, por el contrario... Así que da vueltas por el campamento todo el día, manteniéndose fuera de la vista y del alcance de todos, pensando. Pero hacia el atardecer sabe que sus dudas se han desvanecido. En la creciente oscuridad se acerca furtivamente al campamento, al lugar donde su amada está custodiada. Ligeramente custodiada.
Para impedir que huya con el joven. !Ah, que forma de custodia tan exquisita! Comprendes su efecto?
Julia tiene que tomar su propia decisión, una decisión tan terrible como la del joven. Y la represión que representan los guardianes define y delimita su elección. Porque ella estará custodiada y el joven no. Él tiene que probar su valor yendo en busca de ella. Ella no necesita probar su valor yendo por él. Y en realidad, no puede. Está custodiada, comprendes? De manera que si el joven no fuese a buscarla, ella no sufriría vergüenza. Más bien sería el joven quién la sufriría.
Pero esto es sólo parte del asunto. Los guardianes están allí para proteger al joven también, porque Julia también tiene que tomar una determinación. Realmente lo quiere? Lo quiere más que a todo lo que ama en el mundo? Si no, si existe la menor duda, cuando reciba su señal al atardecer ella no tendrá más que encogerse de hombros con impotencia, como diciendo: "No puedo escapar, amor mío. Me vigilan muy bien". De este modo la presencia de los guardianes le permite poner fin a todo el episodio en un momento, sin una sola palabra, de la forma menos dolorosa posible.
Ten muy en cuenta que nada de esto es o fue hecho racional o conscientemente. No obstante, la guardia de Julia es, en realidad, curiosamente ineficiente. Lo bastante eficiente para servir a todos los que acabo de describir... pero lo bastante ineficiente para permitir a Julia que escape respondiendo a la señal del joven, si ésa es su voluntad. Porque naturalmente los alawa son lo suficientemente sensatos para saber que si desea tanto al joven, sería insensato impedirle la huida.
La prueba ya ha terminado. El joven y ella ya han tomado su determinación. Ahora hay que pagar el precio. El precio por turbar la vida de la tribu, por despreciar el matrimonio ante los ojos de los niños. Y ese precio es, después de la propia muerte, el más caro que se pueda pagar: ser apartado de la tribu; el destierro de por vida.
Respondiendo a la señal del joven, Julia se aleja furtivamente de los guardianes y, juntos por fin y para siempre, escapan corriendo hacia la noche, para jamás volver. Ahora viajan por el país de los muertos. No tener tribu significa que están muertos para todo lo dejan y para todo lo que lleguen a encontrar en el resto de su vida. Ahora están realmente sin hogar, por su propia elección, solos y a la deriva en un mundo vasto y vacío. La patria del joven es ahora Julia y la patria de ella es el joven, pues lo prefirieron a la tribu. Nunca jamás habrá amigos, ni padres, ni tíos, ni primos, ni sobrinos. Lo han tirado todo por la borda... para tenerse el uno al otro.
Y tú sabes que este es verdaderamente un precio que han pagado por decisión propia, y no un castigo. Tenerse el uno al otro y seguir viviendo con la tribu sería impensable y deshonroso, todavía peor que el destierro. Sin duda destruiría a la tribu, porque una vez que los niños vieran que no hay que pagar ningún precio por cometer adulterio, el matrimonio se convertiría en el hazmerreír de todas las instituciones, y la base de la familia y de la tribu misma se desintegraría...
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