(XXI) Entre los escombros
Aquel día no descubrí esto ni tan fácilmente ni con tanta claridad como lo he expuesto aquí, en mi diario; y desde luego no estoy sugiriendo que sea la última palabra sobre el tema. Al quitarme el antifaz de la Gran Mentira, pude vislumbrar un sendero borroso donde antes parecía haber sólo una espesura impenetrable. De ningún modo he explorado el sendero en toda su extensión. Creo que esto es lo que Leo hace. Él abre un sendero que debe explorarse y tenerlo muy en cuenta.
Obviamente, Leo no se entusiasmó, pero advirtió que mi enfoque del problema tenía su sello: el sello de Leo Salvador.
Después me sentí satisfecho y sorprendido a la vez. No me había dado cuenta de que tenía que pasar una prueba. ¿Cómo me había atrevido a pesar que podía ponerme el manto de mi maestro sin demostrarme primero que podía llevarlo?
Leo escuchó con atención. Su actitud fue animada y sonriente, aplaudiendo los puntos bien expuestos, intercambiando apreciaciones acerca de mi éxito y, en general, alentándome a seguir.
Cuando concluí, retomó la palabra, y dijo:
- Lo que la gente debe entender es que, lo que yo llamé "la voluntad de Dios", es una forma de ética que se practica en la comunidad de la vida de este planeta. Es un tipo de ética muy práctica, puesto que sirve para salvaguardar y promover la diversidad biológica y cultural dentro de la comunidad.
"Nuestra civilización, la civilización de los caín, dejó de practicar esta ética a raíz de la Caída, que no fue otra cosa que un cambio de mentalidad. Se descuidó el equilibrio y la armonía que acompaña a esta ética. Todo se hizo en exceso, y la gente se volvió excesivamente mezquina. Adquirió demasiadas preocupaciones y demasiadas ideas en blanco o negro. Todo o nada. Y olvidaron que la Naturaleza no es así.
"En la Naturaleza hay equilibrio. Los animales destruyen en pequeñas cantidades. Los sistemas ecológicos nunca son eliminados en masa. Las plantas consumidas vuelven a crecer. Las fuentes de sustento proveen y vuelven a reponerse. Se disfruta de la flor, se come la fruta, se preserva la raíz.
"Nuestra cultura ha olvidado el equilibrio, por eso no lo practica. Se guía por la codicia y la ambición. Se conduce por el miedo y la ignorancia. Por ese camino terminará autoaniquilándose. Pero la Naturaleza sobrevivirá.
"En nuestra sociedad, a diferencia de la sociedad tribal, se muere por nada que valga realmente la pena. La sociedad tribal defiende su identidad y la frontera que la separa de las otras culturas. En nuestra sociedad morimos por defender las ideas de unas cuantas personas a las que se les considera líderes. Obviamente, no lo son, porque si lo fueran no tendría que estar yo recordándoles todas estas cosas. Estos líderes nos hacen ver que vivimos en un régimen de libertades, cuando realmente sucede todo lo contrario. Nunca hemos sido más esclavos que ahora. Todo está legislado y controlado. Todo está prohibido, aún cuando en la libertad del prójimo no se admiten parcelaciones, intrusiones ni limitaciones, pues ése es un territorio sagrado e intocable. La prueba de cuanto digo se observa en nuestro fracaso cultural. El avance tecnológico y el materialismo avanzan más deprisa que la espiritualidad y los valores éticos más básicos. Así somos en la disparatada y destructiva civilización, en la que la gente se deja manejar por líderes que nos impulsan a matar y a matarnos; a despreciar al mundo y a despreciarnos a nosotros mismos. En definitiva, a mal vivir.
"Nuestra cultura se hunde...y terminará destruida si no cambiamos la mentalidad. La gente intuye que algo va mal, pero ignoran de qué se trata. Y esperan que alguien los salve. Sin embargo, lo que realmente necesitan, es que les recuerden quienes son y que les dejen vivir en paz.
Cuando Leo concluyó, me sugirió que que si tenía dudas o quería preguntar algo, ése era el momento apropiado. Desde luego, no desaproveché la ocasión.
- Amigo mío, para mí es un honor ser tu discípulo. Me has enseñado la causa de nuestros males. Pero, ¿quién fue tu maestro?
- Leo sonrió. Luego dijo:
- Querido José Manuel. Yo también, con el mayor gusto, me habría hecho discípulo de cualquiera que me hubiera enseñado todas estas cosas; pero al no haber nadie así, ¿quieres que te diga que alternativa seguí?
- Por favor -respondí, intrigado.
- Cansado de leer y examinar todas las cosas, creí que debía estar prevenido para que no me sucediese lo que a los que observan un eclipse de sol; que pierden la vista si no toman precauciones a la hora de contemplar este hermoso espectáculo del astro. Algo de eso pasó en mi espíritu; y temí perder los ojos del alma si miraba los objetos con los ojos del cuerpo y si me servía de mis sentidos para tocarlos y conocerlos. Me convencí de que debía recurrir a la razón y buscar en ella la verdad de todas las cosas. Y éste es el camino que adopté; y desde entonces, tomando por fundamento lo que me parece lo mejor, tengo por verdadero todo lo que está en este caso, trátese de las cosas o de las causas; y lo que no está conforme con esto lo desecho como falso.
"Dios es la Causa de las causas, y en el Espíritu reposa la Verdad. Y si quieres llegar a ella, debes dejarte conducir por Él. No es un camino único ni sencillo; si lo fuese, no habría necesidad de guía, porque nadie puede extraviarse cuando sólo hay un camino; tiene, por el contrario, muchas revueltas y muchas travesías. Pero el alma dotada de templanza y sabiduría, sigue voluntariamente a su guía interior porque sabe la suerte que le espera.
- Mucha gente antepone la fe a la razón -dije.
- Por eso debes siempre estar en guardia para no incurrir en esa gran falta... en la de ser enemigo de la razón (misólogo); porque el mayor de todos los males es aborrecer la razón.
Le pedí a Leo que concretara un poco más ese punto.
- Pues que hay hombres que, después de haberse fiado de otro hombre, sin ningún examen previo, y de haberle creído siempre sincero, honrado y fiel, se encuentra al fin con que es falso y malvado; y al cabo de muchas pruebas semejantes a ésta, viéndose engañado por sus mejores amigos, y cansado de ser la víctima, concluye por aborrecer a todos los hombres igualmente, y llega a convertirse en un misántropo, o lo que es lo mismo, llega a persuadirse de que no hay un solo hombre sincero.
Asentí, dándole a entender a Leo que comprendía lo que trataba de decirme.
- Permanece siempre en guardia -añadió-, para que esta desgracia no te suceda; y no te preocupes con la idea de que no hay nada sano con el razonamiento. Hay mucha gente ignorante que, cuando disputan no se cuidan de ninguna manera de enseñar la Verdad, sino que su único objeto es arrastrar a su opinión personal a todos los que los escuchan.
Seguramente a muchas personas Leo les parecerá un personaje tierno y encantador. Y no digo yo lo contrario. Pero sus enseñanzas, que en realidad son inofensivas para la mayoría de nosotros, no creo que lo sean para muchos sectores de nuestra sociedad, sobre todo para los "altos rangos". Así se lo hice saber a mí amigo, y le pregunté si no tenía miedo a que lo "silenciaran".
Leo se vió sorprendido por mis inquietudes.
- ¿Me estás preguntando si tengo miedo a morir? ¿Es eso?
Asentí.
- Todos tenemos que dejar este mundo, José Manuel. Más tarde o más temprano.
- Sabes perfectamente a qué me refiero -respondí-. Sabes que después de todo algunas preguntas son peligrosas.
Rió. Yo no le veía la gracia al asunto. Pero el se lo tomó a risa. Después de un rato, se puso serio y respondió:
- ¿Cómo podré convencerte, amigo mío, de que yo no temo ni tengo por una desgracia que eso pueda ocurrirme, cuando tú mismo no lo puedes entender? Me supones, al parecer, muy inferior a los cisnes, por lo que respecta al presentimiento y a la adivinación. Los cisnes, cuando presienten que van a morir, cantan aquel día aún mejor que lo han hecho nunca, a causa de la alegría que tienen al ir a unirse con el Dios al que ellos sirven. Pero el temor que los hombres tienen a la muerte hace que calumnien a los cisnes, diciendo que lloran su muerte y que cantan de tristeza. No reflexionan que no hay pájaro que cante cuando tiene hambre y frío o cuando sufre de otra manera, ni aún el ruiseñor o la golondrina, cuyo canto se dice que es el efecto del dolor. Pero estos pájaros no cantan de manera alguna de tristeza, y menos los cisnes; porque perteneciendo a Dios, prevén los bienes de que se goza en la otra vida, por eso cantan y se regocijan en aquel día más que lo han hecho nunca. Y yo mismo sirvo a Dios igual que ellos, y que como ellos estoy consagrado a ese Dios; que no he recibido menos que ellos de nuestro Padre común en el arte de la adivinación, y que no me siento contrariado por tener que algún día salir de esta vida. ¿He respondido a tus dudas?
Ante mí silencio, Leo añadió:
- Se le teme a la muerte porque no se la conoce. Ésta ha sido dispuesta por el Padre, no como un mal, sino como un principio. Temer a la muerte es temer a Dios. ¿Es que se puede esperar algo indigno de quien nos ha regalado la vida y la inmortalidad? No debemos juzgar con los talentos de nuestra limitación.
- Hay quien asocia el pecado con la muerte - repliqué.
- Esa asociación es fruto de la ignorancia y de la manipulación. La vida es simplemente un reflejo de nuestros pensamientos y acciones. La vida no es cíclica, y menos aún una casualidad, es un reflejo de nosotros mismos; y siempre nos regresará aquello que hayamos sembrado. La vida está basada en un orden. Cualquier profanación de ese orden repercute en el resto. Nuestra cultura ha profanado con creces ese orden. Eso es indiscutible. Y si la gente de nuestra cultura quiere dejar de sufrir y ser feliz, no tiene más remedio que cambiar su mentalidad, en vez de implorar justicia divina. Dios no juzga. Él ya nos juzgó al instante de crearnos. Y nos juzgó rectamente. Juzguémonos nosotros mismos, pero no invoquemos a la justicia divina. Ésa ya fue ejecutada. No eludamos responsabilidades humanas exigiendo mediación divina para que nos ahorre el dolor, el sufrimiento y las calamidades que nosotros mismos hemos provocado. Nosotros somos los únicos responsables del fruto de nuestras obras. Estamos recogiendo lo que hemos sembrado. Nuestro Padre cumplió al crearnos y justificarnos. A partir de ahí, nos toca a nosotros juzgarnos a nosotros mismos y a impartir nuestra propia justicia.
"Recuerda: "Ahora que el Hombre es conocedor del Bien y del Mal, sólo le falta cambiar la mentalidad, echar mano del Árbol de la vida, comer su fruto y vivir para siempre".
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