(XX) La prueba
Yacía boca arriba bajo el Fleet, limpiando el aceite de la panza del fuselaje. Curiosamente, el motor despedía menos aceite que antes. Leo transportó un pasajero y después se acercó y se sentó sobre la hierba mientras yo trabajaba.
- José Manuel, ahora que te transmití algunas de las enseñanzas a las que nunca llego cuando hablo en público, quisiera saber si estás listo para propagar mi mensaje.
- ¿A qué te refieres exactamente, Leo?
- Tú asimilaste mis ideas, pero, ¿tienes algunas propias? ¿Eres un pensador y un maestro o sólo un recitador de mis enseñanzas? Porque si lo único que sabes hacer es recitar mis palabras no eres más que un monaguillo que tiene todas las respuestas preparadas.
Salí de debajo del avión y me puse a la sombra de las alas.
- Estos últimos días han sido un poco caóticos para mí, de modo que es cierto que no he agregado una sola palabra a tus enseñanzas -dije-. Sí se hacerlo o no es otro tema. Sea como sea, tienes toda la razón del mundo. Si lo único que soy capaz de hacer es recitar las Sagradas Escrituras como te las escuché a tí, entonces no soy más que un monaguillo.
Leo sonrió satisfecho.
- Pero tú no crees serlo realmente, ¿verdad?
- No, en realidad no creo serlo, pero no he tenido la oportunidad de ponerme a prueba.
- Ahora tienes la oportunidad de probarte.
En estos trances me encantaba ver a mi propia mente en acción.
- ¿Me estás poniendo a prueba?-pregunté.
- Me gustaría escucharte, si no te importa, claro.
- Está bien. Lo intentaré.
- Adelante. Soy todo oídos.
Pensé un momento antes de comenzar. Finalmente dije:
- La gente de nuestra cultura se imagina que inventamos la tecnología, la agricultura, la ley y la civilización, pero también podemos atribuirnos otros logros menos dignos de elogio, cosas como la pobreza, la delincuencia y la discriminación racial y social. Lo que tú llamas "las clases que sufren" son, sin duda alguna, invento nuestro. La represión política, la enfermedad mental.
- Te estás olvidando del más importante, José Manuel.
- El más importante de todos sería...la guerra.
- Claro. La guerra es, con mucho, el más grande mal que hemos introducido en el mundo, ¿no?
- Sí.
Leo meneó la cabeza, disgustado.
- Eres tan patético como un arzobispo, José Manuel. Ni siquiera te detienes para dudar, para cuestionarte lo que el lenguaje del universo te susurra al oído. Sigues siendo un completo cautivo de la Gran Mentira.
- No pretendo saber todo lo que tú sabes, Leo. ¿Qué me estás diciendo? ¿Que la guerra no fue un invento nuestro?
- Eso es lo que te estoy diciendo. La guerra no es un defecto que se encuentra sólo en nuestra estrafalaria y destructiva civilización. Se la encuentra dondequiera que se encuentre la cultura humana... tanto en el pasado como en el presente. El mito del salvaje noble y pacífico es solamente eso, un mito.
- Bien. ¿Y?
Leo se levantó.
- Eres verdaderamente lamentablemente, José Manuel. ¿Qué es lo que has aprendido en todo este tiempo?
- Siéntate, Leo, por favor. -Se sentó-. Por favor, comprende que no pretendo ser un erudito en estas cuestiones. Lo seré, espero, pero en este preciso momento no entiendo cuál es el punto que quieres señalar.
- Entonces, ¿por qué no preguntas?
- Pregunto.
- Los pensadores que fundaron nuestra cultura imaginaban que la vida humana comenzó cuando comenzó nuestra cultura, hace sólo unos miles de años. Por lo tanto, era imposible aprender nada acerca de la vida humana más allá de este punto. Más allá de ese punto no había más que un vacío. Así pues, miraron en el pasado y vieron que el Hombre había nacido como agricultor y constructor de civilizaciones. Pensaron que ésa era la naturaleza del Hombre y su destino...y eso es lo que enseñamos a nuestros hijos. La raza humana nació para convertirse precisamente en NOSOTROS. ¿No es eso lo que les enseñamos?
- Sí.
- Yo he tratado de revelarte lo absurdo de estas enseñanzas. Para ello me propuse quitar de tus ojos el antifaz de la Gran Mentira. Te dije que lo que hubo antes del nacimiento de nuestra cultura no fue un vacío. Te enseñé que nuestra cultura no nació en un mundo vacío, en un mundo carente de de religión y de ley. La religión y la ley se remontan a cientos de miles de años antes, a los orígenes mismos de la vida humana.
- Comprendo.
- ¿Comprendes José Manuel? ¿Comprendes que la religión y la ley se remontan a cientos de miles de años antes?
- Sí.
- Pues lo mismo pasa con la guerra. Explícalo.
- Explícalo -repetí con desesperación.
- ¿Es ésta otra prueba de nuestra naturaleza perversa? ¿Es ésa la explicación? ¿Tenemos un amor innato por matar?
- No -respondí.
- ¿Representa ese "no" una profesión de fe o la afirmación de un hecho?
- En este momento representa una profesión de fe, pero espero convertirlo en la afirmación de un hecho.
- Bien. Hazlo. Quítate el antifaz de la Gran Mentira que te impide ver y explicarlo... o por el amor de Dios, dime qué renuncias a ser mi discípulo.
Me observó medio minuto. Y al ver que yo no rompía mi vergonzante silencio, añadió:
- Los libros no fueron escritos por personas que piensan como Leo Salvador. Fueron escritos por gente que en lo más profundo de su ser cree que el Hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios para conquistar y gobernar el mundo. La guerra prehistórica los escandaliza. No la explican, sólo la lamentan. Se sienten desconcertados, porque la criatura destinada desde todos los tiempos a convertirse en el soberano del mundo tendría que haber sido mejor, más noble, más angelical.
- Sí, comprendo. ¿Me equivoco al suponer que la guerra prehistórica fue similar a la clase de guerra que se encuentra entre los pueblos tribales en la época moderna?
Leo negó con la cabeza, disgustado.
- O sabes cómo quitarte el antifaz de la Gran Mentira o no lo sabes, José Manuel. No esperes que yo lo haga por tí. Estaré a mano para ayudarte a comprender, pero no me pidas que piense por tí.
Me sentí aliviado al oír esas palabras. Leo tenía razón: o yo sabía cómo quitarme el maldito antifaz o no sabía, y sería más fácil hacerlo sólo a que él lo hiciera por mí.
El punto que había estado discutiendo con Leo era un punto que nunca habíamos explorado anteriormente, aunque estaba implícito en todo lo que él decía. ¿Cómo sabemos que los pueblos tribales modernos viven como vivían los pueblos tribales antiguos? La respuesta es ésta: el estilo de vida tribal ha sobrevivido hasta el presente porque da resultado. Lo que existe en el mundo es lo que ha perdurado, lo que es estable, lo que da resultado.
Las experiencias fallidas desaparecen, las exitosas se repiten una y otra vez. Es de necios suponer que la hibernación es una innovación reciente para los osos... aunque no hay forma de demostrar que no lo es; los osos hibernan porque eso les da resultado. Es igualmente necio suponer que la migración es una innovación reciente para los pájaros... aunque, una vez más, no hay manera de probar que no lo sea; los pájaros migran porque eso les da resultado. Es fatuo suponer que la confección de telarañas es una innovación reciente para las arañas, aunque, de nuevo, no hay forma de probar que no lo es; las arañas tejen las telarañas porque eso les da resultado.
Si retrocedemos en el tiempo un millón de años, no esperaremos encontrar a los osos tejiendo telarañas, a los pájaros hibernando, y a las arañas migrando. Los osos hibernan en la actualidad muy probablemente porque la hibernación les dió resultado hace un millón de años. Los pájaros migran hoy muy probablemente porque la migración les dió resultado hace un millón de años. Y las arañas tejen telarañas hoy muy probablemente porque tejer telarañas les dió resultado hace un millón de años. Porque los seres humanos no fueron el objeto de una creación biológica especial, sino que evolucionaron en el seno de la comunidad de la vida con todos los demás seres, esta clase de razonamiento se aplica a la gente igual que se aplica a los osos, a los pájaros y a las arañas. Sabemos con certeza que la agricultura totalitaria es una innovación reciente, pero no hay ningún motivo para suponer que el estilo de vida tribal sea una innovación reciente. Los pueblos tribales viven de forma tribal porque vivir en tribus les dió resultado hace un millón de años.
Me pregunté qué sabía acerca de la guerra en la comunidad no humana. Lo que sabía era lo siguiente: lo más parecido al arte de la guerra en la comunidad no humana se encuentra DENTRO de las especies, no ENTRE especies. La depredación no es la guerra. Los pájaros no están en guerra con los gusanos, las arañas no están en guerra con los mosquitos, las águilas no están en guerra con los conejos, los leones no están en guerra con los antílopes. Los depredadores no batallan con sus presas... sólo se las comen. Cuando los animales pelean, es siempre con miembros de su propia especie, por un territorio o por una pareja, y nadie los desprecia por ser moralmente imperfectos ni sueña con una época más feliz en la que todos aprenderán a vivir juntos como Tambor y Bambi.
Cuando los animales no humanos luchan, los triunfadores suelen apoderarse del territorio o de las hembras de los perdedores. La guerra tribal no funciona así (Leo me lo confirmó en su calidad de biblioteca básica de referencia). Las tribus que viven en una región determinada están más o menos constantemente en un estado de guerra de bajo nivel, pero cuando la tribu X ataca a la tribu Y, normalmente no se apodera de su territorio ni de sus hembras; más bien, después de infligir cierta cantidad de daños, se da media vuelta y vuelve para su casa.
Por regla general, antes de que pase mucho tiempo, la tribu Y devuelve el favor atacando a la tribu X, infligiendo cierta cantidad de daños y volviéndose luego a su casa. Esta relación de hostilidad de bajo nivel más o menos permanente entre X e Y no es especial. La misma relación existe entre X y Z y entre Y y Z...y las tres tienen relaciones hostiles similares con los vecinos que las rodean.
Normalmente, los miembros de estas tribus no consideran que tienen un "problema" con sus vecinos; normalmente, nadie "trabaja por la paz"; normalmente, nadie se cree que hay algo malo o reprensible en esta manera de vivir. También normalmente, a la gente de la tribu X no se le ocurre pensar que su vida sería más dulce si un día fueran y mataran a todos sus vecinos; saben que hay vecinos más allá de los suyos, y que estos vecinos distantes no serían más amistosos que los cercanos. En realidad, la cosa no está tan mal. Pasan años en los que X no ataca a Y e Y no ataca a X, y en estos años las relaciones entre ellos suelen ser muy cordiales.
La cuestión es preguntarse: ¿qué está dando resultado aquí? o ¿por qué este sistema es tan exitoso que todavía funciona después de cientos de miles de años?
Lo que da resultado es que se conservan las identidades y las fronteras culturales. Cuando X ataca a Y, no la anexiona. No destruye la identidad de Y ni borra sus fronteras, sólo le inflige cierta cantidad de daños y luego se da media vuelta y se vuelve a su casa. No es distinto cuando Y ataca a X. En otras palabras, cada ataque sirve como una demostración y una afirmación de la identidad de ambas partes. "Nosotros somos X y vosotros sois Y, y aquí está la frontera que nos separa. La cruzamos bajo nuestro propio riesgo, y vosotros la cruzáis el vuestro. Sabemos que vosotros sois sanos y fuertes. De vez en cuando vamos a asegurarnos de que nosotros también somos sanos y fuertes. Sabemos que si nos metemos con vosotros, vamos a sufrir. Queremos que sepáis que si vosotros os metéis con nosotros, también sufriréis.
Uno debería pensar que debe de haber algún sistema mejor, pero si miles de siglos de experimentación cultural no lo ha encontrado, ¿qué significa"mejor"? La evolución es un proceso que elige lo que da resultado, y "mejor" se descarta con la misma facilidad que "peor"...si no da resultado.
Lo que da resultado, evidentemente, es la diversidad cultural...Esto no debería ser ninguna sorpresa. Si consideramos la cultura como un fenómeno biológico, entonces deberíamos esperar que la diversidad sea favorecida por encima de la uniformidad. Mil proyectos, uno para cada lugar o situación, siempre dan mejor resultado que un proyecto global para todos los lugares y situaciones. Es más probable que los pájaros sobrevivan con diez mil modelos de nido que con uno. Es más probable que los mamíferos sobrevivan con diez mil modelos sociales que con uno. Y es más probable que los seres humanos sobrevivan con diez mil culturas que con una, tal como estamos en camino de demostrar ahora. Estamos en vías de hacer que el mundo sea inhabitable, precisamente por que se obliga a todo el mundo a vivir de una sola manera. No habría ningún problema si una sola persona entre diez mil viviera como nosotros vivimos. El problema aparece sólo cuando nos acercamos al punto en que a una sola persona entre diez mil se le permite vivir de forma distinta de como nosotros vivimos. En un mundo con diez mil culturas, una cultura puede ser completamente disparatada y destructiva, porque hará daño. En un mundo con una sola cultura, y donde esa única cultura es completamente disparatada y destructiva, la catástrofe es inevitable.
Por lo tanto: el arte de la guerra tribal, sin trascendencia, intermitente, en pequeña escala y frecuente, dió resultado a los pueblos tribales porque salvaguardó la diversidad cultural. No era ni dulce, ni hermoso, ni angelical, pero dió resultado durante cientos de miles de años, o tal vez millones.
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