(XVII) En el centro de la red
Leo se tendió boca abajo en la tierra y me invitó a hacer lo mismo dando palmaditas en el suelo frente a mí.
- Aquí es donde aprenderás todo -dijo-. Aquí es donde todo confluye. Éste es el centro de la red, donde el pasado, el presente y el futuro se unen. Éste es el seno de nuestra Madre, donde comenzó la vida en este planeta. Quiero que mires. No tienes que comprender lo que ves, pero por lo menos debes esforzarte por ver lo que ves.
"La historia de como hemos llegado a concebir este mundo es la historia de como aprendemos a comprender lo que vemos. Durante miles de años, la gente de nuestra cultura se atenía a la doctrina de las Escrituras, según la cual las distintas especies de plantas y animales eran inalterables. La idea era que cada especie animal fue creada de una vez por todas mediante un acto de creación. Este acto de creación incluye un dogma marcado por el espanto de un poder indiscriminado que no puede responder a motivos racionales o científicos. Con el tiempo, muchas personas se desligaron de este dogma y se refugiaron en la ciencia, realizando varias observaciones y hallazgos que pusieron a prueba las ideas tradicionales.
- ¿Y a estas personas les ha ido mejor? -pregunté.
- Digamos que prefirieron ser títeres de la ciencia que del dogma.
¿Qué quieres decir con eso, Leo?
Leo pensó un momento.
- Darwin, por ejemplo, conjeturó con la teoría de que la primera y primitiva forma de vida surgió en una pequeña charca cálida en la que se encontraban toda clase de sales, amoniaco y fósforo, luz, calor, electricidad, etcétera, y que se formó químicamente un compuesto proteínico en esa charca dispuesto a someterse a cambios aún más complicados. En otras palabras: Darwin filosofó sobre cómo la primera célula podría haber surgido en una materia inorgánica.
- ¿Pero...?
- Pero nadie ha dado la respuesta a cómo ha surgido la vida, José Manuel. Por ejemplo, ¿de dónde surgió esa pequeña charca cálida? ¿Surgió sin más?
- No. No fue ninguna casualidad.
- Antes mencionamos el tema de la genética, y Darwin tenía pocos conocimientos en este campo. Su teoría implicaba que eran variaciones completamente casuales las que al fin y al cabo habían producido al Hombre. Y más que eso: Darwin convirtió al ser humano en algo tan poco emocional como la lucha por la existencia.
"Hace unas décadas, cuando las ideas de Lamark (que había señalado que cada una de las especies animales había evolucionado según sus necesidades) todavía se presentaban ocasionalmente como ciencia, había una teoría popular según la cual lo que había estimulado el crecimiento del cerebro de los primates hasta llegar a adquirir el tamaño humano habían sido los suspiros y resoplidos mentales de nuestros antepasados en su deseo por inventar herramientas. Esto es naturalmente lo que puede esperarse de una cultura como la nuestra, que equipara el progreso al uso de herramientas.
"El hecho es que aunque BIOLÓGICAMENTE hablando el cuerpo del ser humano no es diferente al de otras especies de la comunidad de la vida, el progreso humano nada tuvo que ver con ningún adelanto en la confección de herramientas, pero SÍ que estuvo asociado con una especie de progreso diferente, un proceso tan crucial para la evolución humana como el progreso en el lenguaje. ¿Tienes alguna idea de a qué puedo estar refiriéndome?
Negué con la cabeza.
- No me sorprende. Este progreso no está reconocido en la versión de la historia humana de los caín...ni siquiera está mencionado, puesto que no contribuye en nada a la gloria de los caín. Me refiero naturalmente al progreso mental. Éste es el adelanto que señaló decisivamente la adquisición de un estilo de vida exclusivamente humano, que está fuera del alcance de otras especies tanto o más antiguas que la nuestra, como los cocodrilos o algunos cetáceos, por ejemplo. Un nuevo estilo de vida que dependía irremediablemente de la inteligencia, cualidad que, sea dicho de paso, también está fuera del alcance de los primates, como por ejemplo, los simios. Todas las especies, a pensar de haber evolucionado igual que lo hicimos nosotros, siguen siendo lo que eran: animales. ¿Entiendes a qué me refiero?
Dije que no del todo.
- Si observas a los gorilas, los chimpancés o los orangutanes, te impresionarán, o debería impresionante que su estilo de vida no se parezca ni remotamente al estilo de vida vinculado con los seres humanos más primitivos. Los primeros humanos aprendieron a cazar, aparte de que también recolectaban. En cambio, todo el orden de los primates son sólo recolectores. Matarían, y en realidad matan por comida, de manera oportunista, pero ninguno vive como cazador. De entre todas las especies, sólo la especie humana está dotada de inteligencia y voluntad. Tal vez, en algún momento, nos pudimos haber parecido a los primates, pero sólo los seres humanos tienen el equipamiento biológico y espiritual necesario para hacer que nuestro estilo de vida sea exclusivo...y ese equipamiento es estrictamente mental.
"Lo primero que nuestro intelecto desarrolló fue su propia manera de tener éxito en la caza. Los seres humanos podían tener éxito en la caza de una sola manera. No podían tener éxito a la manera de las águilas, los leopardos o las arañas. Éstas estaban fuera de su alcance. Ellos descubrieron su propia manera de tener éxito... una manera, insisto, que estaba fuera del alcance de cualquier otra especie de la Tierra. ¿Comprendes lo que estoy tratando de decirte? No nos volvimos humanos haciendo chocar dos piedras. No nos volvimos humanos al aprender a cazar. Nos volvimos humanos cuando empezamos a desarrollar el gen espiritual que todos llevamos dentro... cuando aprendimos a leer el Gran Libro de Símbolos que el Padre escribió para nosotros, que naturalmente es el Universo... cuando aprendimos a leer la historia de los acontecimientos escritos AQUÍ... en la mano de Dios.
Abrió la mano, con la palma hacia arriba, para enseñarme lo que quería decir.
- Al igual que ocurre con un recién nacido, nosotros, al principio, también tuvimos que pasar por un proceso de aprendizaje. Toda vida se inicia con un proceso de aprendizaje maravilloso. Conforme el ser humano fue evolucionando, fue sintiendo las formas de la Naturaleza, al mismo tiempo que en su alma se formaba un recuerdo del Padre-Mente, su verdadero origen.
- ¿Y cómo fue ese proceso de aprendizaje? -pregunté.
Leo pensó un segundo antes de responder.
- Los nativos de esta región podrían contarte cosas que ocurrieron aquí hace días. Literalmente todas las señales más infimas que puedas ver en el polvo son el registro de un hecho, aunque no sea más que la huella de una hoja arrastrada por el viento. Podrían identificar a todos los seres que dejaron una señal aquí en el pasado reciente, y podrían contarte cuándo estuvieron aquí y qué estaban haciendo, si tenían prisa o si paseaban, si buscaban algo para comer o trataban de regresar a casa.
"Elegí este lugar porque me di cuenta de que algo había ocurrido aquí que yo quizá pudiera adivinar. No quiero decir que haya tenido lugar un melodrama, sólo algo. ¿Ves esta línea de marcas que describen una curva? Parecen haber sido hechas apretando una cremallera gigante contra el polvo. Son las huellas de un escarabajo, no tengo la menor idea de qué especie. Obviamente, un ejemplar fuerte. El rastro es bastante fresco; no tiene más que unas horas. Aquí se ve donde se cruza con un rastro más antiguo, de una ardilla.
Por sorprendente que parezca, lo veía.
- Bien. Aquí viene la parte emocionante. El escarabajo avanza con dificultad, ocupado en sus cosas, cuando de repente por la izquierda salta a la escena un roedor para atacar al escarabajo. Puedes ver, por la forma en que las huellas se juntan, que el roedor no está sólo paseando, sino saltando. Si estuviéramos en América Meridional, diría que es una chinchilla, pero no sé qué podría ser este, de manera que lo llamaré roedor. El roedor se apodera del escarabajo, y aquí se ven las marcas del lugar donde luchan.
Asentí.
- Ahora las huellas del roedor continúan hacia la derecha...y las del escarabajo ya no se ven. De manera que lo que está escrito aquí es que el roedor se ha conseguido un aperitivo de escarabajo.
Volvimos a sentarnos.
- Hay varias cosas que quiero que comprendas a partir de aquí. La primera es: la lectura que acabo de hacer aquí es exclusivamente humana. Ninguna otra especie sería capaz de una hazaña semejante. La segunda cosa que quiero que aprendas es: la caza no es violencia; el gen que se estaba salvando mientras evolucionábamos como cazadores humanos no era el de matar. Era el gen de la observación, la deducción, la predicción, la astucia, la cautela, la rapidez de reflejos. Éstas son las cualidades biológicas que componen el éxito de un cazador...y no todas pertenecen específicamente a la caza. Si así fuera, sin duda sentiríamos un impulso irresistible a salir a cazar. Pero sí hay cosas que nos sentimos irresistiblemente impulsados a hacer...y puedes verlas aquí.
Leo dió unas palmadas en el suelo, ante sí.
- Cuéntame lo que ocurrió hace una horas en este preciso lugar, José Manuel.
- Pues...un escarabajo venía caminando cuando un roedor saltó entre la hierba que hay a la izquierda e intentó atrapar al escarabajo. Dijiste que estas marcas parecían señales de lucha, aunque no sé por qué un roedor iba a tener que luchar con un escarabajo
- Tal vez el escarabajo se encaró con él.
- Es verdad... De cualquier modo, después de la lucha, el roedor se llevó al escarabajo hacia la derecha.
- Comprendes que esto que acabas de hacer está totalmente más allá de la capacidad de cualquier otra especie de este planeta, ¿verdad, José Manuel?
- Sí.
- ¿Qué has hecho exactamente?
- Bueno...en realidad no he hecho nada. Tú lo hiciste.
- Es extraño. Habría jurado que vi que tus labios se movían.
- Sí, pero...¿Cuál es exactamente tu pregunta?
- Te he preguntado qué acabas de hacer.
- Dijiste... "Cuéntame lo que ocurrió aquí", y yo te he contado lo que ocurrió. ¿No es así?
- Sí, así es, José Manuel. Lo que estoy tratando de hacerte ver es que los dos hicimos cosas distintas. Yo hice una cosa y tú hiciste otra. Quiero que pongas un nombre a lo que tú hiciste.
Lo único que se me ocurría decir era que había hablado...y no iba a decir eso.
- El motivo por el cual no puedes darle un nombre, José Manuel, es que lo subestimas. Si enseñas a un gorila a hablar por señas y lo sentaras aquí, y un escarabajo empezara a andar por la tierra, y saliera un ratón de la hierba y se lo llevara, el simio podría decir por señas algo así: "Insecto insecto correr pelear ratón correr insecto". Sí, diez minutos más tarde, pudieras transmitirle tu deseo de que te describiera lo que había visto (lo cual es bastante improbable), lo mejor que podrás esperar sería algo así: "Simio ratón ver ratón insecto simio ver". Incluso eso sería admirable. Pero lo que el simio jamás podrá hacer es lo que tú hiciste, ¿qué es...?
- Organizarlo todo como una historia.
- Exactamente. -Leo golpeó el suelo-. Aquí es donde comenzó la relación de historias, José Manuel. Aquí es donde la población humana empezó a interpretar el mundo como una colección de relatos, al entender los signos de la Naturaleza, al vivir espontáneamente y al oír el lenguaje del alma. No hay un sólo niño, en ningún rincón del mundo, en ninguna cultura del mundo, que no quiera escuchar un cuento. ¿Acaso los niños que oyeron y recordaron las historias de caza de sus padres no tendrían una ventaja sobre lo que no los oyeron? Los cazadores que intercambiaron historias de cacerías, ¿no serían más efectivos como equipo que los que no lo hacían?
- Tienes razón, Leo. Las personas capaces de organizar los hechos como una historia siempre tendrán ventaja sobre las que no pueden hacerlo.
- La población de la Gran Mentira se contenta con imaginar que la historia humana comenzó hace sólo unos miles de años, cuando empezó a construir ciudades, pero aquí es donde nos convertimos en seres humanos en primer lugar. Es aquí, en el seno de nuestra Madre biológica donde la estructura temporal del universo empezó a imprimirse en el cerebro humano. Estas huellas que tenemos delante están con nosotros en el presente, pero no tendrán sentido hasta que las reconozcamos como huellas de hechos pasados. Le serían inútiles a cualquier otra especie, porque ninguna otra especie podrá leerlas como huellas del pasado.
"Para que les encontremos sentido, no sólo tienes que reconocer que son huellas de hechos pasados, sino que tienes que reconocer también que tienen una dirección en el tiempo: planteamiento, nudo y desenlace. La historia del escarabajo comienza aquí, avanza hasta aquí, y termina aquí, donde se cruza con la historia del ratón. Vemos que la historia del ratón continúa... hacia un futuro acerca del cual podemos hacer predicciones. En algún momento, anoche, un ratón estuvo aquí, y ahora se ha ido... hacia allí. Si seguimos las huellas, finalmente encontraremos algo...y ese algo será...¿qué?
- Un ratón.
- Un ratón, José Manuel, al que no hemos echado el ojo hasta el momento. ¿Comprendes lo que digo? Sentados aquí hemos adquirido la habilidad de predecir el futuro. ¡Nos hemos convertido en videntes! Hace un momento dije que nuestro "gen de la caza" no nos produce un deseo irresistible de destruir la vida salvaje, pero sí nos produce otras necesidades irresistibles. ¿Lo recuerdas?
- Sí.
- He aquí una urgencia que este gen nos provoca: la urgencia de saber qué encontraremos al final de ese rastro que tenemos delante. Todos y cada uno de nosotros queremos conocer el futuro...por el medio que sea, racional o irracional, sensato o fantástico. Esto está tan profundamente arraigado en nosotros, lo damos tan por sentado, que no dedicamos ni un momento a pensar en lo maravilloso que es. Para muchos de nosotros, hasta la acción más pequeña nos da un punto de apoyo para el futuro. Al levantarnos, nos vestimos de determinada manera anticipándonos al encuentro con alguna persona. Leemos el periódico no tanto para saber qué ha ocurrido como para descubrir lo que es probable que ocurra en los temas mundiales, en la política, en las finanzas, en el deporte, etcétera. Consultamos el pronóstico del tiempo para ver si vamos a necesitar un paraguas. Es probable que consideremos un buen día aquel en el cual las cosas salen tal como estaban planeadas, que no tiene sorpresas desagradables. En algún momento hacemos planes acerca de cómo pasaremos la noche. Sin duda, dedicaremos tiempo a pensar en cosas que hay que hacer como prevención para acontecimientos futuros. Reservaremos billetes de avión, haremos reservas en hoteles, nos encargaremos de que alguien reciba un regalo de cumpleaños con días o semanas de antelación.
"Nos costaría incluso imaginar una especie inteligente que no estuviera obsesionada por el futuro...y tal vez una especie que no estuviese obsesionada por el futuro no nos parecería completamente inteligente. Más allá de todos los planes presumiblemente racionales que acabo de describir, cada uno de nosotros es un lector de presagios y señales... por más que lo desdeñemos. Cuando nos levantamos por la mañana y el periódico que estaba tirado en el césped está empapado, la leche con la que tomamos los cereales está agria, la camisa que pensábamos ponernos está en la lavandería y el coche no arranca, no hay uno solo de nosotros que pueda evitar pensar: "va a ser una mierda de día". Ninguno de nosotros puede elegir a un ganador en las carreras sin pensar: "¡Lo sabía!". No hay uno solo de nosotros que pueda recibir una llamada de alguien en quien había estado pensando sin sentir un asomo de orgullo por sus cualidades de clarividente. Si alguien lee su horóscopo, una parte diminuta de esa persona dice: "Sí, sí, eso podría ocurrir, tiene sentido".
"La caza es un gen innato en todas las especies. Porque nacimos como cazadores, tenemos un ansia genética por saber adónde conducen las huellas y que hay al final de ellas. Tenemos una sed de futuro que es tan persistente como nuestra sed de alimentos o de sexo. El cazador que no sólo está hambriento sino también ávido de conocer el futuro, sin duda tendrá ventaja sobre el cazador que sólo está hambriento.
"Si tú apuestas con alguien a que el Nilo es más largo que el Amazonas, la cuestión es saber si tienes razón. Pero si apuestas con alguien a que la próxima moneda que lances al aire será cara, tener razón no tiene nada que ver. La cuestión es: ¿te apoyará el universo? Si tú dices cara y sale cara, no significa que tienes razón, significa que Dios está de tu parte. Con la misma facilidad podría haber sido cruz, y si Dios hubiese querido que ganaras, habría salido cruz. Esto es lo que un jugador compulsivo trataría verdaderamente de descubrir: ¿estás conmigo, Dios, o contra mí? Cuando éste gana se siente tan divinamente seguro como cualquier santo, y cuando pierde durante muchos días seguidos, conoce la noche oscura del alma, porque Dios lo ha abandonado.
- Sí -dije-. Comprendo lo que dices. Recuerdo que, en cierta ocasión, en una jugada a cinco cartas, me dieron la carta que necesitaba para ligar una escalera de color. Conseguir esa carta fue realmente una experiencia religiosa. Fue como una transfiguración. Esperaba que todos los que estaban a la mesa quedaran cegados por la refulgencia divina que irradiaba de mí. Supongo que es la clase de experiencia llamada oceánica. Me hallaba en un estado de trascendencia cósmica. Sentía que en ese momento el universo se había fijado en mí. Estaba en contacto con el manantial del significado y del ser.
Leo sonrió levemente, y dijo:
- Se ha conjeturado que esta sensación oceánica que describes es la fuente del impulso religioso. Yo soy capaz de traer esa sensación espiritual hasta este pedazo de tierra que tenemos delante, con sus huellas de escarabajo y ratón. Es aquí donde por primera vez empezamos a alcanzar una dimensión que está más allá del conocimiento de cualquier otra criatura de la Tierra, una dimensión que no pertenece a nuestro propio dominio. Pero si no podemos imaginarlo como el dominio de alguien, entonces ¿de quién es?
- De Dios.
- Arrojar una moneda al aire y apostar a que saldrá cara es entrar en el dominio de Dios. Coger una carta y ligar una escalera de color es entrar en el dominio de Dios. Y cuando la moneda sale cara, cuando la quinta carta que pedimos completa la escalera de color, y cuando la cacería tiene éxito, sabes que el universo se ha fijado en tí, que has entrado en contacto con el manantial del significado y del ser...con nuestro Padre-Mente.
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