(XVI) Los ojos empiezan a abrirse
Leo permaneció en silencio unos cuantos minutos. No estaba en trance ni nada parecido, sólo parecía estar mirando con fijeza, sin ver, a una distancia media. Pronto empecé a ponerme nervioso, y Leo me miró de reojo.
Finalmente, dijo:
- Cuando otras personas buscan a Dios, los ves mirar automáticamente al cielo. Realmente imaginan que, si hay un Dios, está muy, muy lejos...remoto e intocable. No sé como pueden soportar vivir con un Dios semejante, verdaderamente no lo sé. Si te perdieras entre los alawa de Australia, los bosquimanos de África, los navajos de Norteamérica, los yanomami de Suramérica, los onabasulo de Nueva Guinea, o cualquiera de los cientos de pueblos tribales de la estirpe de Abel que podría nombrar, descubrirías donde está Dios...Dios está AQUÍ.
Leo hizo una pausa, me miró a los ojos, y continuó hablando:
- No quiero decir ALLÍ, no quiero decir en OTRA PARTE, quiero decir AQUÍ. Entre los bosquimanos: AQUÍ. Entre los navajos: AQUÍ. Entre los yanomami: AQUÍ. Entre los onabasulo: AQUÍ. Entre los alawa: AQUÍ. Entre cualquiera de los cientos de pueblos tribales de la estirpe de Abel que podría nombrar: AQUÍ.
"No es ninguna afirmación teológica lo que están haciendo. Los alawa no dicen a los bosquimanos: "Vuestro Dios es falso, el verdadero es el nuestro". Los yanomami no dicen a los navajos: "Vosotros no tenéis Dios, sólo lo tenemos nosotros". Lo que dicen es: "Nuestro lugar es un lugar sagrado, como no hay otro en el mundo". Jamás buscarían a Dios en otro lugar. A Dios hay que encontrarlo entre ellos... viviendo donde ellos viven. Dios es lo que anima y da vida a su lugar. Ese es un Dios.
"Dios es esa energía extraña que convierte un lugar cualquiera en un lugar único en el mundo. Dios es el fuego que arde en este lugar y no en ningún otro, y ningún lugar donde arda el fuego está vacío de Dios. Todo esto debería explicarte por qué no rechazo el nombre que me dió un extraño. Aunque dotado con una concepción falsa de nuestra visión, la palabra animismo capta una pequeña parte de su significado.
"Al contrario que el Dios civilizado, nuestro Dios no es colérico, caprichoso ni vengativo. Para nosotros Dios es nuestro Padre, Soberano del Universo y de todos los incontables mundos que hay en él. Pero en realidad, es mucho más que un Soberano o, mejor dicho, es algo muy distinto. No gobierna, nunca utiliza la fuerza ni hace uso de su poder. No manda ni da órdenes a nadie. Nunca ataca ni tiene que defenderse de ningún atacante, porque a nadie se le ocurriría levantarse contra Él ni hacerle daño. Para nuestro Padre todos somos iguales. Es el centro de todo cuanto existe, existió y existirá. Y todas las criaturas, buenas o malas, hermosas o feas, divertidas o serias, necias o sabias, todas, existen sólo porque Él existe. Sin el Padre no podría subsistir NADA, lo mismo que no podría subsistir un cuerpo humano sin corazón.
"En la sociedad tribal nadie tiene que trabajar con el sudor de su frente para ganarse el pan de cada día, ya que el Padre les proporciona todo el sustento que necesitan para vivir. Y todas las tribus viven bien y en paz con el mundo. ¿Te imaginas? Es un Padre todo Amor. Podría ser destruido con un lanzallamas, un tanque o una bomba... silenciado, arrasado, extenuado. Siéntate en medio de un centro comercial a medía noche, rodeado de ochocientos metros de hormigón en todas direcciones, y allí, el Dios que antaño fue tan fuerte como un bisonte o un rinoceronte es ahora tan débil como una polilla rociada con insecticida. Débil... pero no muerto, no extinguido por completo. Si demolemos todas las tiendas y abrimos grietas en el hormigón, en pocos días ese lugar estará palpitante de vida otra vez. No es necesario hacer nada más que llevarse los venenos. El Padre sabe como cuidar ese lugar. Nunca volverá a ser lo que había sido... pero nada es nunca lo que fue. No hace falta que sea lo que fue. Oirás a la gente hablar de convertir el mundo en lo que era antes de que llegaran los caín. Eso es una tontería. Lo que era el mundo hace quinientos, mil o diez mil años, no era su forma definitiva, no era la forma definitiva y sacrosanta que el Padre había ordenado para él desde el principio de los tiempos. Aquí todo está en marcha. Todo está en curso.
"Te contaré una historia: Cuando Dios se puso a hacer el Universo, se dijo: "Haré con él una manifestación de mi abundancia infinita y un cartel para ser leído por aquellos que tengan ojos para leer. Pondré un cuidado sin límites sobre todo...no menos sobre la brizna de hierba más frágil que sobre la más grande de las estrellas, no menos sobre el mosquito que zumba durante una hora que sobre la montaña que se mantiene en pie durante un milenio, no menos sobre una escama de mica que sobre un río de oro. No haré dos hojas iguales en dos ramas distintas, dos ramas iguales en dos árboles diferentes, dos árboles iguales en dos tierras diferentes, dos tierras iguales en dos mundos distintos, dos mundos iguales en dos estrellas distintas. De este modo, la Ley de la Vida será evidente para todos los que tengan ojos para leer: el conejo que sale de su madriguera para alimentarse, el zorro que acecha, el águila que vuela en círculos, el Hombre que tensa su arco hacia el cielo". Y así es como se hizo del principio al fin. No existen dos cosas iguales en todo el universo infinito y poderoso, ni la menor cosa hecha con menos cuidado que cualquier otra cosa a través de generaciones de especies más numerosas que las estrellas. Y quienes tuvieron ojos para ver, leyeron el cartel y siguieron la Ley de la Vida. ¿Comprendes esta historia, José Manuel?
Negué con la cabeza.
- No existen dos cosas idénticas en todo el universo. Ésa es la clave. Por eso aquí todo está en marcha y no en su forma definitiva. Te lo dije ayer cuando hablaba de los ácaros que viajan con los escarabajos enterradores. Si pones uno de estos ácaros bajo un microscopio para estudiar la forma definitiva de esta especie, serás derrotado porque cuanto más de cerca los mires, más claramente verás que no hay ni siquiera dos idénticos...y si no hay dos idénticos, ¿qué sentido tiene sostener en alto a uno y decir: "Aquí está la forma definitiva de estos ácaros?". Y exactamente lo mismo sería si se sostiene el mismo argumento con el asunto de la cultura.
"A esto me refiero cuando hablo de la abundancia: entre esos ácaros, al parecer prescindibles, ni siquiera dos han sido hechos idénticos en todo el universo, y ninguno a sido creado con menos cuidado que un ser humano, que una estrella de neutrones o que una galaxia. El cerebro que está en tu preciosa cabeza no es más maravilloso que el de uno de esos ácaros. ¿Habría enviado el Dios hinduista a su hijo unigénito para salvar a esos escarabajos y a los ácaros que viven en ellos? ¿Habría enviado el Dios budista a Siddartha el Buda para salvarlos?
Dije que no con un movimiento de cabeza.
- ¿Enviaría el Dios judío a Jesucristo para ksalvar a los escarabajos y a los ácaros?
Volví a negar con la cabeza.
- Pero nuestro Dios animista los cuida tanto como a cualquier otro ser del mundo. Por eso creí que podía resultarte provechoso ver a esos escarabajos ayer. Esos escarabajos son una manifestación de la abundancia infinita de Dios y un signo para ser leído por quienes tengan ojos para verlo. Quería que vieras cómo la Imaginación Creadora derrocha un cuidado sin límites sobre todas las cosas: no menos en un escarabajo cuya hazaña suprema es enterrar a un ratón que en el cerebro de Einstein; no menos en un ácaro cuyo plato favorito es el huevo de una mosca que en el ojo de Miguel Ángel.
"Todos los seres nacidos en la comunidad de la vida pertenecen a esa comunidad. Digo que pertenecen en el mismo sentido que tu piel o tu sistema nervioso te pertenecen. El ratón que vimos no solo "vivía" en la comunidad del bosque, tal como podrías vivir tú en una casa de Almería o del Tirol. Cada molécula del cuerpo del ratón se originó en esta comunidad. Sería legítimo decir que ese ratón era una expresión de esta comunidad, del mismo modo que Leonardo da Vinci fue una expresión de la Italia del Renacimiento.
"El individuo vive en una tensión dinámica con la comunidad, se retira a su guarida, colmena, nido, cabaña o cueva por razones de seguridad, pero nunca es autosuficiente allí, siempre se ve obligado a volver al exterior y estar a disposición de cualquiera, tal como hizo el ratón. Esta tensión es parte de la Ley, que inspira a la araña del agujero del ventilador a sellar su guarida como si fuera la cámara acorazada de un banco y a la avispa que come arañas a convertirse en desvalijadora de cajas fuertes.
"Nada en la comunidad de la vida vive aislado del resto, ni siquiera las reinas de los insectos sociales. Nada vive sólo por sí mismo, como si no necesitara nada de la comunidad. Nada es intocable ni queda intacto. Todas las vidas son un préstamo de la comunidad desde su nacimiento; y se devolverán sin falta a la comunidad cuando se produzca la muerte. La comunidad es una red de vida, y cada hilo de la red es un sendero que lleva a todos los demás hilos. Nadie está exento o excusado. Nada es especial. Nadie vive a solas en una de las hebras, desconectado del resto. Como viste ayer, nada se pierde, ni siquiera una gota de agua o una molécula de proteína...o el huevo de una mosca. Ésta es la bondad y el milagro de todo. Todo ser vivo es alimento para otro ser vivo. Todo lo que se alimenta es finalmente consumido, o al morir devuelve su sustancia a la comunidad.
Leo se interrumpió y me dedicó una mirada que recibí y devolví.
- Hace diez mil años, esta región estaba habitada por un pueblo mesolitico cuyo nombre jamás sabremos. Si cavas en el suelo encontrarás sus hachas y las puntas de sus lanzas. Ellos pertenecían a los abel y, desde luego, eran animistas, y sabían dónde encontrar al Dios de este lugar. El Dios de este lugar está AQUÍ. No buscaron en el cielo ni en el Monte Olimpo. Buscaron AQUÍ, donde estamos sentados.
Asentí. Era lo máximo que yo podría hacer en ese momento.
No es fácil resumir lo que sentí al oír aquellas palabras. Ahora, al momento de escribir mi diario comprendo finalmente más allá de toda duda, por qué Leo se negó siempre a formular una defensa ante las acusaciones de ser el Anticristo. Me siento decepcionado por haber sido tan torpe e ingenuo y no haber oído lo que Leo me decía. Todo cuanto mi amigo dijo me parecía inofensivo, pero los hechos dejarán fuera de toda duda que, naturalmente, no lo era.
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