(XIV) La Ley de la Vida: las dos visiones
Alrededor de las nueve de la mañana del día siguiente, Leo me sugirió ir nuevamente al bosque.
Mientras caminábamos, comentó sin dar más explicaciones:
- Al trabajar con alguien como tú, tengo que luchar por destronar ideas fundamentales y reemplazarlas por otras que jamás has oído. Es como si tú fueras misionero cristiano en las "tierras salvajes", tendrías que enfrentarte con la misma dificultad que yo tengo contigo. Los aborígenes desconocerán de qué les hablas tú.
"Yo soy el primer misionero animista de la cultura de los caín; del mundo civilizado, del mundo de las religiones reveladas, soteriológicas: el judaísmo, el budismo, el hinduismo, el islamismo, el cristianismo... No hay ningún proyecto original de lo que estoy haciendo. Ningún precedente, ni catecismo, ni plan de enseñanza. Estoy tratando de trazar algún tipo de esquema. Estoy tratando de descubrir qué es lo que da resultado.
Le pregunté por qué, por qué estaba haciendo esto.
Leo caminó en silencio durante medio minuto. Luego respondió:
- Una visión es un río que fluye, y nuestras religiones están casadas fundamentalmente con nuestra visión cultural, y uso deliberadamente la palabra "casadas". Estas religiones son como un harén de mojigatas casadas con un marido lujurioso y grosero. Ellas siempre quieren mejorarlo, siempre esperan que se dedique a "cosas más elevadas", no dejan de sermonearlo con desprecio, pero el marido y el harén son, de hecho, completamente inseparables. Estas religiones reveladas funcionan claramente como nuestra "media naranja". Son la expresión más elevada de nuestra visión cultural.
- Sí, supongo que podría decirse así.
- En estos momentos, en nuestra cultura, el río fluye hacia la catástrofe. Ahora únelo todo: la visión es el río que fluye, las religiones reveladas de nuestra cultura son la expresión más elevada de esa visión, y el río fluye hacia la catástrofe. Yo estoy haciendo esto porque mi objetivo es cambiar la dirección de la corriente, apartándola de la catástrofe. Nada que sea menos lo logrará. Absolutamente nada.
Me estremecí.
Una vez en el bosque Leo buscaba algo. Cuando por fin nos detuvimos, estábamos en un lugar que, a mi entender, podía haber sido el mismo que habíamos ocupado el día anterior. Nos sentamos frente a un claro polvoriento no mucho más grande que una mesa de comedor.
Leo dijo:
- Me he referido al animismo como una religión, pero hay un sentido muy real en el que el "animismo-como-religión" es un invento de la cultura de los caín, una construcción intelectual.
"Te dije que el animismo fue antaño una religión universal en este planeta. Todavía es una religión entre los pueblos de abel: pueblos aborígenes que nuestra civilización identifica como "primitivos", de la "Edad de Piedra", etcétera. Pero si hablas con esos pueblos y les preguntas si son animistas, no tendrán la menor idea de lo que les estás diciendo. Y el hecho es que si les sugieres que ellos y sus vecinos tienen las mismas creencias religiosas, probablemente creerán que estás loco. Esto se debe a que, como los vecinos de todas partes, tienden a tener mucha más conciencia de sus diferencias que de sus similitudes. Lo mismo pasa con las religiones reveladas de nuestra civilización. Para ti, el judaísmo, el budismo, el hinduismo, el cristianismo y el islamismo parecen muy distintas, pero a mí me parecen iguales. Todas estas religiones, perciben a los seres humanos como criaturas imperfectas, heridas y necesitadas de salvación, y todas se apoyan fundamentalmente en revelaciones que explican cómo ha de obtenerse la salvación, ya sea abandonando esta vida o elevándose por encima de ella.
"Los adeptos a estas religiones están fuertemente afectados y obsesionados por sus diferencias (hasta el punto de llegar a la violencia, el crimen, la guerra santa y el genocidio), pero para mí, como digo, todas se parecen. Lo mismo ocurre entre los pueblos de abel. Ven lo que hay de diferentes entre ellos y yo veo lo que es semejante, y lo que es semejante no es tanto una religión (tal como la entienden los judíos, los budistas, los hinduistas, los cristianos o los islamistas), sino una visión religiosa del mundo. En realidad no existe una religión que se llame animismo... ésa es la construcción que se ha hecho: el animismo como religión. Lo que existe, y lo que es universal, es una visión; una manera de ver el mundo. Y eso es lo que trato de exponerte aquí.
Asentí, a punto de entender.
- Ten siempre en cuenta por qué estamos aquí. Estamos aquí por las visiones. Una visión nos arrastra hacia la catástrofe. Es una visión propia de una civilización, nuestra civilización, adoptada y sancionada por las religiones reveladas de nuestra cultura durante los últimos tres mil años. Ahora trato de exponerte otra visión, saludable para nosotros y saludable para el planeta, que fue abrazada por cientos de miles de pueblos tribales durante cientos de miles de años.
Le pregunté cómo podía saber realmente durante cuánto tiempo fue abrazada.
- Piensa en esto: ¿durante cuánto tiempo hemos vivido de acuerdo con la ley de la gravedad?
- ¿Con la ley de la gravedad? Siempre -respondí.
- ¿Cómo puedes saberlo?
- Supongo que lo sé porque si no hubiéramos vivido de acuerdo con la ley de la gravedad, no estaríamos aquí.
- Pero antes no se entendía la ley de la gravedad. Quiero decir que nadie la podía expresar como lo haría un físico actual. Sin embargo, se sabía que era una ley, ¿verdad? Si saltas por el borde de un acantilado, te caerás; siempre. Si dejas caer una piedra, te dará en el pie; siempre. Ahora, José Manuel, trata de responder a esto: ¿cuánto tiempo ha estado viviendo la población humana de acuerdo con la Ley de la Vida?
- Desde el principio.
- ¿Por qué? ¿Cómo lo sabes?
- Porque la Ley de la Vida es lo que fomenta la vida. Y si la gente no hubiera estado viviendo de acuerdo con la ley que fomenta la vida, no estaría aquí, no existiría.
- Muy bien, José Manuel. Pero la población no entendía necesariamente esa ley, ¿verdad? Probablemente no habría podido expresarla como lo haría hoy un biólogo.
- No.
- Sin embargo, la población sabía lo que sabía acerca de la ley de la gravedad: que estaba ahí. Sabía cuándo una ley existe. Sabía, por ejemplo, que hay que cuidar a los niños hasta que éstos se valgan por sí mismos. Sabía que la vida futura de un niño estará orientada de acuerdo con lo que le haya tocado vivir en su hogar durante sus primeros y cruciales años de su existencia. Sabía que los niños abandonados mueren. Sabía que un león lucha por obtener su presa; siempre. Sabía que no es necesario ser tan veloz como un gamo para cazar un gamo. Sabía que si acechas a un animal que corre más que tú, será mejor que estés a favor del viento. Podría seguir eternamente. Me sería imposible hacer una lista de todo lo que sabía la población humana gracias a la sencilla experiencia de haber vivido en comunidad durante miles de generaciones.
- No me cabe duda de que estás en lo cierto, Leo. Lo que todavía no veo es la conexión entre esto y el animismo.
- ¿Qué es el animismo, José Manuel?
- Estoy cada vez menos seguro conforme pasa el tiempo. Tal como lo entiendo ahora, es una visión; una concepción del mundo.
- Sí, una visión. Por eso hemos llegado a este punto: Hay dos visiones, una que nos permitía vivir bien y en armonía con el planeta durante millones de años, y otra que nos lleva al borde de la extinción y nos ha convertido en enemigos de la vida en este planeta en sólo diez mil años. ¿Cuál es la visión animista?
- No lo sé, Leo. No tengo la menor idea.
- Entonces, explícame esto: ¿cuál es nuestra visión, José Manuel, la de Caín; la visión que nos ha convertido en amos del mundo y en enemigos de la vida? ¿Puedes expresarla en palabras?
- Puedo intentarlo.
- Adelante.
- Somos la criatura por la que fue creado el mundo, de manera que podemos hacer con él lo que nos plazca: "Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se muevan por la tierra". Esa, al menos, fue lo que Dios le dijo al Hombre.
- Según esta visión, Dios parece tener poco interés en el resto del mundo.
- Así es. A Dios le preocupa la gente. La gente es su principal preocupación. Por ella es por quien creó el universo.
- De manera que el mundo fue creado para el Hombre, y el Hombre...¿Qué se suponía que iba a hacer el Hombre con el mundo?
- Se suponía que iba a gobernarlo. Dios se lo dió para que lo sometiera y lo gobernara.
- Pero... aunque parezca extraño, el mundo no estaba preparado para que el Hombre lo gobernara, ¿no es así? El Hombre estaba hecho para gobernar el mundo, sin embargo el mundo no estaba hecho para que él lo gobernara.
- No, es verdad. Jamás me lo había planteado.
- Entonces, José Manuel, ¿qué tuvo que hacer el Hombre para que el mundo estuviera listo para ser gobernado?
- Tuvo que someterlo, conquistarlo.
- Así es. Y todavía lo está haciendo, ¿verdad? Por consiguiente, ésta es la visión de los caín, de nuestra cultura: el mundo fue hecho para el Hombre y el Hombre fue hecho para conquistarlo y gobernarlo.
- Si.
- Lo que estamos buscando, José Manuel, es la visión animista, la visión de abel, la visión de los pueblos tribales. Y antes de que nos vayamos de aquí, la tendrás. Te lo prometo.
Asentí, realmente ansioso por descubrirla.
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