(XIII) El Animismo
La Creación se inicia con la página en blanco, y la gramática del Creador resuena en la Naturaleza y articula el mundo. Muchas son las huellas de lo sagrado que tenemos que interpretar para comprender que la vida no se equivoca; que hay una felicidad que hierve en la superficie de las cosas. La Naturaleza y el Espíritu tienen la misma esencia. La corrupción de nuestra mentalidad cultural arrastra consigo la caída de la naturaleza, y sólo nosotros podemos ser sus salvadores, pero esta redención debe comenzar desde el interior, desde la llamada de la conciencia, desde los límites de la razón... Debemos vivir para vivir, que la vida se justifica ella misma, y que por tanto, el secreto radica en entender que, todo lo que vive es sagrado, y que todo nuestro tiempo es una llamada permanente a la plenitud.
El afán de Leo para hacerme comprender el quid de su mensaje era extraordinario. Nunca se cansaba. Tampoco se cansó aquel día, a pesar de mi aturdimiento por lo oído anteriormente.
Leo me miró largamente como si quisiera poner orden a la confusión. Al menos esa fue mi impresión. En cualquier caso, dijo:
- El engaño fundamental de los caín fue que la humanidad se hizo para ser nosotros. Va intrínsecamente ligado a la idea de que todo el universo fue creado con el fin de producir este planeta. Sonreiríamos con condescendencia si los gebusi se jactaran de que la humanidad estaba destinada por designio divino a convertirse en gebusi; sin embargo, estamos totalmente convencidos de que la humanidad estaba destinada por designio divino a convertirse en nosotros.
Al decir esto Leo, creo que estaba empezando a entenderlo, aunque desde luego no lo entendí la primera vez que dijo que nosotros no somos la Humanidad.
Leo continuó hablando, ajeno a estos pensamientos.
- Porque imaginamos que somos lo que la Humanidad estaba destinada a ser según designio divino, suponemos que nuestros antepasados prehistóricos querían ser nosotros pero carecían de las herramientas y la técnica para lograrlo. Investigamos a nuestros antepasados con nuestras propias predilecciones en lo que nos parecen formas primitivas y no evolucionadas. Un ejemplo de todo esto es que damos por sentado que nuestras religiones representan el desarrollo espiritual supremo y más elevado de la humanidad y entre nuestros antepasados sólo esperamos encontrar precursores torpes e imperfectos de estas religiones. Ciertamente no esperamos encontrar religiones plenamente desarrolladas cuyas "expresiones" sean totalmente distintas de las nuestras.
- Muy cierto -dije.
- ¿A qué hecho nos remontaremos para encontrar los vestigios del pensamiento religioso humano?
- Yo diría que a la práctica de enterrar a los muertos, que empezó hace treinta o cuarenta mil años.
Leo asintió.
- Es exactamente como encontrar vestigios del comienzo del lenguaje humano en la práctica de la escritura, que empezó hace unos cinco mil años.
- Entiendo lo que quieres decir, creo.
- Nunca se le ocurriría a un lingüista buscar los orígenes del lenguaje humano en las tablillas de arcilla de Mesopotamia, ¿verdad, José Manuel?
- Supongo que no.
- ¿Dónde buscaría un lingüista los orígenes del lenguaje humano?
- Supongo que se remontaría hasta los orígenes de la vida humana.
- Porque ser humano significa tener un lenguaje.
- Diría que sí.
- ¿Cuál sería entonces el método de nuestro lingüista hipotético?
- Supongo que sería más filosófico y especulativo que lingüístico, ya que no dispone de ningún espécimen humano primitivo cuyo lenguaje pueda estudiar.
- Estoy de acuerdo, José Manuel. Perdería el tiempo con insignificancias en una de esas fascinantes zonas fronterizas: a un lado de la frontera, criaturas semejantes al hombre, sin lenguaje, que usan herramientas, pero carentes de lo que nosotros entendemos por lenguaje; al otro lado de la frontera, personas... Pero no estudiará ninguna tabla de arcilla.
- No, ni un minuto.
- Bien, porque no pienso dedicar ni un minuto a las prácticas funerarias del Paleolítico Superior. Tienen tanto que ver con los orígenes de la religión como las tablillas de arcilla con el origen del lenguaje.
- Entonces tú supones que el ser humano es un ser religioso.
- Así es -afirmó Leo-. Para mí ser humano significa ser religioso, tal como el lingüista cree que ser humano es tener un lenguaje articulado.
- ¿Cómo puedes estar tan seguro? -repliqué.
- Acabo de explicar -dijo Leo-, que Dios es la causa de las causas, y que en el Espíritu reposa la Verdad. ¿No es cierto que Dios hizo el hombre a su Imagen y Semejanza?
Asentí.
- Luego te pregunto: ¿Es Dios acaso un hombre?
Respondí que no.
- Dios es Espíritu, como bien hemos analizado. Y si Dios es Espíritu, y creó al hombre a su Imagen y Semejanza, ¿en qué somos iguales y semejantes al Creador?
Silencio.
Leo movió negativamente la cabeza, y algo disgustado, añadió:
- ¡Somos iguales y semejantes en Espíritu! Y si Dios es nuestro Padre espiritual, es por medio de la "genética" espiritual que podemos reconocerlo como tal desde el principio.
Me observó poco convencido, y dijo:
- ¿Cómo es posible que conozcamos a nuestro padre biológico desde el mismo momento en que venimos al mundo? Es posible porque el nos creó por medio de la reproducción, nos vió nacer, nos cuidó cuando éramos pequenito, nos enseñó a caminar y a hablar, y nos dió una educación, entre otras muchas cosas, ¿no es cierto?
Asentí.
- Y dime, ¿por qué dudas del hecho de que Dios, siendo nuestro Padre espiritual, que nos creó y nos puso en este mundo, se comportaría diferente a un padre biológico?
Después de oír esa explicación, me sentí un tanto avergonzado. Sin embargo, Leo se mostró comprensivo, pues era consciente de lo difícil que resulta cambiar una mentalidad cultural tan arraigada y arcaica como la mía en tan poco tiempo.
Segundos más tarde, añadió:
- Los animales se mueven por instinto, pero ninguno jamás se plantea la necesidad de buscar a Dios. Ni siquiera tienen conciencia de sí mismos. En cambio el ser humano intuye a Dios, se siente atraído hacia su luz. No es consciente, pero "algo" le empuja... Para algunas personas, esto es una paradoja porque, si Dios no es humano y por consiguiente jamás le hemos visto en la carne, ¿por qué proclamamos su nombre y nos sentimos atraídos por Él? Esta es una respuesta mucho más simple de lo que aparenta. Por lo que a mí respecta, la respuesta es ésta: cada criatura mortal dotada de inteligencia y voluntad recibe, directamente del Padre, una "chispa" de su Espíritu que vive en el órgano mental de cada individuo, ayudándolo a desarrollar su alma inmortal. La presencia de este "ajustador divino" en la mente humana, es revelada merced a tres fenómenos experienciales: a la aptitud intelectual para conocer a Dios; a la necesidad espiritual de encontrarle y al intenso deseo de parecérsele.
"En otras palabras: es por medio del alma inmortal que el Hombre tiene conocimiento de Dios, porque ese conocimiento nace con él en el mismo instante que viene al mundo material. Y puesto que el alma no puede acordarse de "algo" que no ha conocido en el plano material, es evidente que ese conocimiento es adquirido antes y que lo traía consigo del plano espiritual, es decir, de la Mente de Dios.
- Entonces -dije-, cuando tú afirmas que ser humano significa ser religioso, es lo mismo que decir que ser humano significa ser espiritual.
Leo asintió, satisfecho.
- Exactamente, José Manuel. La religión y la espiritualidad significan lo mismo. Y cuando digo que ser humano significa ser religioso es porque hay una dimensión del pensamiento que es intrínsecamente religiosa, como acabo de explicar. Ese pensamiento mental es como un tono musical que, por naturaleza, no es un tono único, puro, sino que está compuesto de muchos armónicos, altos y bajos. Cuando el proceso mental se volvió pensamiento humano, comenzó a resonar como un armónico correspondiente a lo que llamamos religión, o conciencia de lo sagrado. Y si se aprende a escucharlo, resonará con ese armónico, porque la comunidad de la vida, es decir, la Naturaleza, resuena con ese armónico.
- Entonces los seres humanos evolucionamos en la comunidad de la vida como cualquier otra especie.
- Así es, José Manuel.
- ¿Y no es esa una contradicción?
- No veo por qué -respondió Leo-. La religión es creacionista y la ciencia es evolucionista. Yo coordino ambas con la verdad de la realidad. Aunque es verdad que en espíritu somos creados iguales y semejantes a Dios, biológicamente somos como cualquier otra especie del planeta. Podría decirse que, biológicamente somos lo que comemos y espiritualmente somos lo que pensamos.
- Ciencia y religión tienen su dosis de Verdad.
- Podría decirse así, José Manuel. Pero la Verdad Absoluta no debe engendrar ciencia ni tampoco religiones. Nuestra ciencia es sólo un espejo, como la de todos los tiempos, que refleja nuestra propia imagen cambiante. Tanto la ciencia como la religión están permanentemente necesitadas de una autocrítica más intrépida y de una más clara conciencia de lo insuficiente de sus respectivos estatutos evolutivos. En ambos terrenos, los educadores de nuestra cultura caen con frecuencia en el dogmatismo constante y en un exceso de confianza en sí mismos. Pero eso es debido a que también ambos desconocen la causa de sus males: la Gran Mentira.
Me parecía que, en toda la charla, Leo estaba de alguna manera tratando de esforzarse para que entendiera sus palabras. Yo así lo percibía, y no encontraba la manera de ayudarlo, así que me limité a asentir con la cabeza y a decir: "Entiendo, entiendo", sin estar realmente seguro de haber entendido.
- Hubo una vez una religión universal en este planeta -dijo Leo-. ¿Tenías conciencia de ello?
Respondí que no la tenía.
- La gente casi siempre se asombra de esta noticia. Ocasionalmente alguien pensará que me estoy refiriendo a lo que a veces se llama antigua religión...el paganismo, la magia blanca, pero no es así. En primer lugar, el paganismo no es antiguo. Es la religión del agricultor, lo cual significa que pertenece a nuestra cultura, y que tiene sólo unos miles de años de antigüedad, y obviamente nunca fue una religión universal, por la razón ya conocida de que la agricultura nunca fue universal. Es posible que en muchos casos ni siquiera se reconozca el nombre de la religión a la cual me estoy refiriendo, que naturalmente es el Animismo. Literalmente nunca han oído hablar de ella. La mayoría de las personas tienen conciencia del animismo de la misma manera que los químicos de hoy tienen conciencia de la alquimia, es decir, tienen conciencia del animismo como precursor tosco y simple de la religión, de la misma manera que los químicos tienen conciencia de la alquimia como precursora rosca y simple de la química. No la consideran religión en todo el sentido de la palabra, del mismo modo que la alquimia no se considera química en el sentido propiamente dicho. Por lo que a esas personas respecta, el animismo es un envase vacío.
"Hace un momento dije que cuando el proceso mental se convirtió en pensamiento humano, la comunidad de la vida comenzó a resonar como un armónico que corresponde a lo que llamamos religión o conciencia de lo sagrado y, si aprendes a escucharlo, resonará con ese armónico. Pero ahora me doy cuenta de que aquí he planteado un pequeño rompecabezas. Dije que cuando el proceso mental (un fenómeno común en el reino animal) se hizo pensamiento humano, eso comenzó a resonar como un armónico que identifiqué como conciencia de lo sagrado. Pero ahora estoy diciendo que la comunidad de la vida (la Madre Naturaleza) resuena con ese armónico. ¿Cuál de los dos es el pensamiento humano o la comunidad de la vida?
- No me parece que esto sea tan enigmático -contesté-. Creo que la comunidad de la vida empezó a resonar con ese armónico cuando lo hizo el pensamiento humano.
- ¡Exactamente! Es lo que quería que vieras. Y cuando el Universo comience a resonar con ese armónico, el envase vacío que muchos llaman animismo se llenará, y empezará a resonar, porque está en contacto con el Universo.
Tras pensar un momento, Leo añadió:
- Las religiones como las de nuestra cultura, las religiones reveladas, se perciben todas en desacuerdo con el conocimiento científico... están en desacuerdo o no son pertinentes. Sencillamente la religión y la ciencia son incompatibles. Siguiendo la pauta habitual de los caín: "Nosotros somos la Humanidad, y si nuestras religiones son intrínsecamente incompatibles con el conocimiento científico, la religión en general es intrínsecamente incompatible con el conocimiento científico".
Asentí.
- Pero, como verás, el animismo se siente totalmente cómodo con el conocimiento científico. Está mucho más cómodo con las ciencias de nuestra cultura que con sus religiones.
Pregunté por qué es así.
- ¿Qué hay ahí? - preguntó Leo, haciendo su gesto habitual para referirse al espacio.
Respondí que el mundo; el universo.
- Ahí es donde Dios escribe lo que escribe. El Dios de nuestras religiones reveladas escribe en los libros.
- ¿Qué tiene que ver con el animismo? -pregunté.
- Todo, José Manuel. Porque en el universo existe una revelación muchísimo más antigua y veraz que cualquiera escrita por hombres. El animismo busca la Verdad en la Naturaleza, no en los libros sagrados, las revelaciones o las autoridades. La ciencia es igual; aunque el animismo y la ciencia leen el universo de diferentes maneras, ambos tienen plena confianza en su veracidad ya que en sus "páginas" se reflejan la sabiduría de su Creador. Las religiones son escépticas, temen usar la ciencia. Dicen: "¡Supongamos que la usamos y nos explota en la cara! Es mejor no confiar en ella". Pero el animismo no está preocupado por nada que pueda revelarse acerca del universo, así que la ciencia está a su lado.
Después de decir eso, Leo me pidió que lo acompañase. Avanzamos unos diez minutos más o menos y luego nos adentramos en un pequeño bosque. Como los árboles tapaban la poca luz que quedaba en el cielo, bien podía haber sido medianoche. Cuando llegamos a una zona que a Leo le pareció apropiada, nos sentamos en el suelo, y dijo:
- Ahora quiero estar seguro de que no perderemos el rastro de lo que vinimos a hacer aquí. Estamos investigando una frontera entre cuasihumanos por un lado y verdaderos humanos por el otro. Lo estamos haciendo porque tengo la convicción de que vinimos a la Humanidad como seres religiosos.
Leo me pidió que cogiera un palo y dibujara un círculo a nuestro alrededor. Hice lo que Leo me pidió y volví a sentarme.
- Este círculo representa la frontera que investigamos, unos tres millones de años atrás, cuando el australopiteco se convirtió en Homo. ¿Está claro?
Dije que si.
- Estoy seguro de que entenderás que esta línea es imaginaria. No hubo un día concreto en el que hubiera podido señalar una generación de padres y decir: "Estos son australopitécidos", y luego señalar a sus hijos y decir: "Estos son humanos". No podemos saber qué anchura tiene la línea. Podría tener doscientos años o mil años, o diez mil años de ancho. Lo único que sabemos es que en nuestro lado de la línea hay criaturas a las que llamamos con convencimiento Homo y en el otro lado hay criaturas a las que no nos atrevemos a llamar Homo.
"Como esto es nuevo para tí iré sobre seguro, y señalaré que la línea no corresponde al uso de herramientas. Quiero decir que tú no tienes quienes usan herramientas a este lado de la línea y quienes no las usan en el otro lado más alejado. Tienes, a ambos lados de la línea, quienes las usan. Podemos estar prácticamente seguros de esto, ya que es bien sabido que los chimpancés son capaces de usar herramientas, y los predecesores intermedios del Horno iban mucho más allá que los chimpancés.
Le dije que no me molestaba que fuera "sobre seguro".
Leo asintió, y luego dijo:
- La Naturaleza es la comunidad de la vida en este planeta. La religión que llamo animismo está ligada a esta comunidad. Algo que llamo la Ley de la Vida está escrita en la comunidad de la vida y también está ligada al animismo. La función del animismo es leer la Ley de la Vida. Se puede decir que es la "educación" que nos inculcan nuestros padres: Dios (el principio masculino) y Naturaleza (el principio femenino). El animismo se percibe a sí mismo aliado con la ciencia, porque ambos buscan la Verdad en el universo.
Asentí.
- Bien. Ahora estamos preparados para dedicar algo de tiempo a la Ley de la Vida, que es lo que fomenta la vida, y cualquier cosa que fomente la vida pertenece a la Ley.
Le dije que un ejemplo sería útil.
- He aquí la Ley de la Vida para los patitos recién nacidos: "Únete a lo primero que veas moverse y síguelo pase lo que pase". Como lo primero que los patitos recién salidos del cascarón suelen ver es a su madre, generalmente la siguen, pero seguirán a cualquier cosa que se mueva. Como su mejor perspectiva de supervivencia es seguir a su madre, pase lo que pase, podrás entender por qué ésta es la Ley que fomenta la vida de los patitos.
Asentí.
- Lo siguiente es una generalización sobre la Ley de la Vida: los que la siguen tienden a estar mejor representados en la reserva genética de sus especies que los que no lo hacen.
- Entonces -dije-, ¿no todos los individuos siguen la Ley?
- El patito que por una razón u otra no recibe el gen de "seguir a mamá", es eliminado. No sobrevive el tiempo suficiente para reproducirse.
- Entiendo.
- Evidentemente, la Ley varía en sus detalles de una especie a otra. En los patos, la Ley está escrita para los patitos, y dice: "Quédate cerca de tu madre pase lo que pase". En las cabras, la Ley está escrita para la madre, y dice: "Amamanta sólo a tu propia cría".
Pensé en ello durante un momento y pregunté cómo "amamanta sólo a tu propia cría" podría proteger la vida en el caso de las cabras.
- Digamos que Cabra Blanca y Cabra Negra tienen cada una un cabrito, al que deben amamantar. Cabra Negra muere, y entonces su cabrito se acerca a Cabra Blanca y le dice: "Hola, tengo hambre, ¿qué tal si me das de comer?". La mejor posibilidad de sobrevivir que tiene el cabrito de Cabra Blanca es que su madre le diga al extraño: "Vete cabrito, no eres mío". Si la Cabra Blanca le dice: "Bueno, como no, arrímate a una teta", está disminuyendo las posibilidades de supervivencia de su propia cría, lo cual significa la supervivencia de sus propios genes.
- Sí, lo comprendo.
- Éste es un enunciado más general de la ley que observan las cabras: "Si tus recursos son de dudosa abundancia para dos descendientes, te conviene más dar todo a uno solo que la mitad a cada uno".
- No es precisamente la ley de la generosidad -dije.
- Más bien diría que no es la ley de la "generosidad inútil". Creo que la mayoría de las madres prefieren tener un hijo vivo a cualquier cantidad de hijos muertos. Sin embargo, sin duda es cierto que, si las dos están en conflicto, la ley favorece a la vida por encima de la generosidad. Los que observan la ley contraria, la que favorece la bondad por encima de la vida, contribuirán a perder su representación en la reserva de genes de su especie. Es así porque su prole tendrá a sobrevivir y a reproducirse menos que la prole de los que observan la ley que favorece la vida.
- Entiendo.
- Sobre el tema de la bondad... Un ecologista, en una de sus primeras aventuras como naturalista cuando tenía once años, recogió unos huevos de mariposa Papilo, y los vigiló mientras se incubaban hasta transformarse en orugas, que a su vez se convirtieron en crisálidas. Finalmente, el primer capullo comenzó a abrirse y lo que el naturalista vio fue lo siguiente: la mariposa que estaba a punto de salir se abrió paso con dificultad, con el abdomen hinchado por el fluido que expulsaba por encima de las alas mientras colgaba cabeza abajo de una pequeña rama. Media hora más tarde estaba lista para volar, y eso hizo. En cambio, cuando los otros capullos comenzaron a abrirse, el ecologista quiso serles útil. Suavemente facilitó la abertura de la pequeña grieta para ayudar a la salida de las mariposas, y éstas rápidamente se deslizaron al exterior, caminaron un poco, y una tras otra cayeron muertas. El pequeño ecologista no se había dado cuenta de que los esfuerzos que había ahorrado a las mariposas eran esenciales para su supervivencia, porque provocaban la salida del fluido que tenía que llegar a las alas. Esta experiencia le enseñó una lección que no olvidó jamás: lo que parece bueno y se hace con buena intención puede resultar todo lo contrario.
- Comprendo -susurré cabizbajo.
- Entre las cabras, es la madre la que se encarga de cumplir esta ley: "Si tus recursos son de dudosa utilidad para dos, entonces te conviene más dárselo a uno, y no repartirlo entre dos". Entre las águilas (y muchas otras especies de aves), la ley es aplicada por el mayor de los descendientes. La hembra suele poner dos huevos con unos días de diferencia, que es naturalmente una mejor política que poner uno solo. Pero si el primer polluelo sobrevive, casi con seguridad picoteará o dejará morir de hambre al más joven.
En ese punto interrumpí a Leo, y dije:
- Creo haber tenido la impresión de que el infanticidio se justificaba como reacción a la superpoblación.
- Sí -añadió Leo-, solía explicarse así, pero esto pone de manifiesto un concepto de la evolución que no resistía un análisis riguroso, una idea de la evolución como promotora de lo que es "bueno para las especies". Ahora parece claro que la evolución fomenta lo que es bueno para el individuo, en el sentido de asegurar el éxito reproductivo del mismo, lo que he estado llamando "representación en la reserva de genes".
- Entiendo.
- En el caso de los leones y los osos, las hembras a menudo abandonan una camada que tiene sólo un superviviente... aún cuando éste goce de perfecta salud. Esto no es "bueno para la especie" en ningún aspecto, pero es bueno para el éxito del período reproductivo del individuo. Su representación en el conglomerado genético mejorará definitivamente si se dedica de forma exclusiva a las camadas con más de un descendiente.
Tuve que admitir que todo eso era nuevo para mí.
- Nadie puede saberlo todo - dijo Leo, encogiéndose de hombros.
Le pedí que me mostrase hacia donde nos llevaba ese punto, porque me sentía perdido otra vez.
- No puedo enseñarte la totalidad de la Ley de la Vida en una sola noche. No podría hacerlo aunque viniéramos a este lugar todas las noches durante una década. Lo que puedo hacer en una sola noche es ofrecerte unos cuantos fragmentos. Pero busquemos algunas señales en una nueva dirección.
Leo se puso de pie y me disponía a seguir su ejemplo, pero me dijo que me quedara donde estaba.
- Veamos si tengo suerte esta noche - dijo, e inclinándose ligeramente se metió en una zona más alejada; era evidente que se había convertido en el cazador en busca de un rastro. Diez o quince minutos más tarde regresó por la derecha y me hizo señas para que lo siguiese. Cuando nos hubimos adentrado no más de diez pasos entre la maleza, Leo se detuvo, se puso en cuclillas y me invitó a inspeccionar un pedazo de suelo pelado del tamaño de un tablero de ajedrez.
Luego cogió una ramita que usó como puntero, señalándome algo aquí, allá y en todos lados. Al mirar con detenimiento distinguí terrones de hierba seca, ramitas troceadas, pequeños pedazos de corteza, hojas rotas y más tierra.
Después estiró el brazo para levantar con la ramita la rama de un arbusto y me invitó a mirar debajo del mismo. Lo que había allí parecía algo así como un ratón muerto al que estaban enterrando igual que a un bañista en la playa. Se le veía sólo la cabeza, recostada sobre un pequeño cúmulo de tierra. Mientras lo observábamos, bajo la luz más mortecina que pueda existir, la tierra suelta alrededor del cuello burbujeaba aquí y allá, y el ratón se deslizaba visiblemente un milímetro hacia abajo, como si estuviera literalmente hundiéndose en la tierra.
- Dentro de una hora más o menos - explicó Leo -, el ratón estará completamente bajo tierra y fuera de vista, gracias al trabajo de los escarabajos enterradores que están quitando la tierra de debajo.
Le pregunté qué había querido enseñarme en el suelo delante del arbusto. Usó la ramita como puntero mientras trataba de enseñarme las señales.
- Los escarabajos, y estoy casi seguro de que hay sólo dos, encontraron el cadáver del ratón aquí, pero evidentemente no les interesó como lugar de entierro, así que lo llevaron a un sitio más protegido debajo de esa rama.
- ¿Dos escarabajos se llevaron el ratón? -volví a preguntar.
- Lo que hacen es excavar el suelo debajo del cadáver y luego se dan vuelta sobre sus espaldas y lo empujan con las patas en la dirección que quieren seguir. Es un proceso muy laborioso. Una vez que lo tienen bajo tierra, endurecen la cámara que lo rodea, y mientras el cadáver se pudre la hembra pone sus huevos cerca, de manera que las larvas tengan fácil acceso a la masa de carroña una vez abierta.
- Delicioso -dije.
- Bueno, hay mucha competencia por este ratón: otros insectos, microbios y muchos vertebrados que se alimentan de carroña. Las moscas son especialmente molestas, porque pueden haber puesto sus huevos en la piel del ratón antes de que aparecieran los escarabajos. Por suerte, pero no hay que sorprenderse, los mismos escarabajos cuentan con barredores de huevos, ácaros que viven sobre sus cuerpos y se alimentan de los huevos de las moscas. El ratón, los escarabajos, los ácaros y las moscas son todos símbolos inspiradores de la Ley de la Vida.
Quedé pensando en esta última afirmación mientras abríamos paso hacia el claro.
- Temo no entender qué convierte a estas criaturas en símbolo de la Ley -le dije.
- La Ley de la Vida, en una sola palabra, es abundancia.
Como parecía que no iba a añadir nada más, le pregunté si podía ampliar un poco la explicación.
- Sería un ejercicio muy útil que regresaras tú al cadáver del ratón y trajeras uno de los escarabajos. Luego te haría extraer un par de docenas de ácaros que lleva encima el escarabajo para que pudieras examinarlos con un microscopio.
- ¿Qué aprendería así?
- Aprenderías que cada ácaro, ¡una criatura tan insignificante!, es una obra de tal delicadeza, perfección y complejidad que comparada con ella el ordenador más perfecto parecería un par de alicates. Después aprenderias algo aún más sorprendente, y es que, a pesar de toda su perfección, estas criaturas no han salido de un mismo molde. No hay dos iguales... ¡ni siquiera dos en todo el universo, José Manuel!
- ¿Y esto sería una demostración de... abundancia?
- Exacto. Esta abundancia genética tan fantástica es el mismísimo secreto del éxito de la vida en este planeta.
Seguimos caminando; al cabo de unos minutos me di cuenta de que estábamos otra vez junto a los aviones.
Leo dijo:
- No sé si lo he hecho tan bien como pensaba... No te he enseñado ni la décima parte de lo que pretendía. Mañana será mejor.
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