(XII) El Universo Mental
Habíamos aterrizado en una vasta dehesa próxima a un estanque de más de una hectárea. Lejos de todo núcleo habitado. Hoy no habría pasajeros, y pensé que era nuestro día festivo.
- Las fronteras son siempre engañosas e intrigantes -dijo Leo por fin-. Los niños indígenas nos fascinan porque están en la frontera del mundo animal. Los gorilas y los delfines nos fascinan porque están en la frontera del mundo humano. Aunque son sólo consecuencias arbitrarias del hecho de que usamos un sistema de numeración decimal, las fronteras entre siglos y milenios nos fascinan. Los bufones de Shakespeare nos fascinan porque viven en la frontera entre la cordura y la locura. Los héroes de tragedia nos fascinan porque se mueven en la frontera entre el triunfo y la derrota. Las fronteras entre lo prehumano y lo humano, entre la niñez y la edad adulta, entre paradigmas políticos y sociales... todos nos resultan intensamente fascinantes.
"La frontera sobre la que yo he querido concentrar tu atención es la que se cruzó cuando un grupo de humanos que vivían en el Creciente Fértil hace diez mil años se convirtieron en "nosotros". Cruzar aquella frontera nos llevó a un tipo muy especial de agricultura que produce enormes excedentes de alimentos; cruzar aquella frontera nos condujo al estilo de vida más penoso que se ha conocido en este planeta. Pero éstas son observaciones superficiales. Yo deseaba que vieras que esta frontera representa una travesía mental y espiritual muy importante y traté de guiarte hacia el conocimiento de esta travesía haciéndote"retroceder" desde este lado, desde el presente, pero ahora voy a emplear la táctica contraria; te guiaré hacia el conocimiento de la travesía conduciéndote hacia delante, hacia ella, desde el otro lado, desde nuestros orígenes en la comunidad de la vida.
La mirada de Leo se perdió en la nada durante unos minutos. Luego prosiguió:
Las pasiones humanas son igualmente un misterio. Quienes se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y quiénes no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay personas que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, pueden explicar realmente por qué. Otras se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellas. Otras personas se destruyen a sí mismas por no saber resistir los placeres de la mesa...o de la botella. Algunas pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unas cuantas creen que solo podrán ser felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y otras no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.
"Los libros se convierten para mucha gente en su gran pasión, porque dentro de ellos siempre encuentran algo de lo que están buscando si lo leen con suficiente atención. ¿No has fijado nunca algún problema en tu mente y has abierto luego cualquier libro que tengas a mano para observar lo que te dice? ¿No te gustaría saber qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado? Naturalmente, dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo... Algo debe pasar, porque cuando lo abres aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conoces todavía, y todas las aventuras posibles... Todo está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso es obvio. Pero está dentro ya antes. ¿No te gustaría saber de qué modo?
"Hay libros que cuentan acontecimientos corrientes de la vida totalmente corriente de personas totalmente corrientes. Acontecimientos de los que ya hay bastantes en la realidad y los que a menudo, lo único que pretenden con ello quienes los escriben es convencernos de algo. También los hay apasionantes, o divertidos, o que hacen soñar; libros en los que los personajes imaginarios viven aventuras fabulosas y en los que uno podría imaginárselo todo. ¿Tú cuales prefieres, José Manuel?
- Supongo que éstos últimos.
- Claro, porque si te gustan mucho imaginas las historias tan claramente que puedes verla y oírla. Olvidas todo lo que te rodea y despiertas sólo al final, como de un sueño.
- Es verdad -dije.
- ¿Entonces te ha ocurrido imaginar algo tan claramente que consigues ver, oír y sentir la trama como si fuese real?
- Por supuesto.
- Me alegra oírlo, José Manuel, porque para que comprendas la trama del libro del que voy a hablarte, necesitarás de toda tu imaginación.
Una extraña sensación me embargó, y sentí que ese momento era casi solemne.
- El Dios de las religiones reveladas de nuestra cultura -prosiguió Leo-, y aquí me refiero a las religiones de los caín, es un Dios profundamente incapaz de expresarse. No importa cuántas veces lo intente, no puede hacerse entender con claridad o completamente. Habla a Abraham pero no logra hacerse entender. Habiendo fracasado con Abraham, a continuación Dios trató de hacerse entender a través de Moisés, de nuevo, con éxito limitado. Fueron tantos los mandamientos que le dictó, que apenas pueden cumplirse. Es tanta la incapacidad de ese Dios para hacerse entender, que resulta más sencillo creer en un mesías que viene a la tierra y muestre el camino. Así que lo intenta con Krishna y con Jesús, sus hijos. ¿Y qué fue lo que nos dijeron esos hijos de Dios? ¿Por qué no nos respondieron, en términos inequívocos, a todas las preguntas teológicas concebibles? Pero eligieron no hacerlo. Luego de unos siglos de silencio lo intentó de nuevo con Buda, y los resultados no fueron mejores. Sacando conclusiones razonables, no es gran cosa lo que ese Dios nos dijo para justificar tantos siglos de trabajo. Para ser sincero, me molestaría estar asociado con un Dios tan incompetente.
Lo que le oí decir a Leo me dejó petrificado; sin palabras. Sólo al cabo de un rato fui capaz de preguntar:
- ¿Acaso a tu Dios le ha ido mejor?
- Santo cielo, sí. ¡Infinitamente mejor! ¡No tienes más que mirar a tu alrededor! -con un gesto de la mano señaló el mundo que teníamos ante nosotros-. ¿Qué ves, José Manuel?
- El universo -respondí.
- Eso es, el universo. Ahí es dónde el Dios real del universo escribe lo que escribe. Tu Dios escribe con palabras; el Dios al que yo me refiero escribe en galaxias, constelaciones, planetas, océanos, bosques... El Dios al que me refiero escribe sobre física, química, biología, astronomía, aerodinámica, meteorología, geología, ecología... todo eso, pero además ha escrito también sobre NOSOTROS.
- ¿Y qué dice?
- Ya llegaremos a eso. Es nuestro principal tema hoy.
Luego de un breve silencio, Leo siguió hablando.
- El universo es el libro en el cual el verdadero Dios escribe lo que escribe. Y ese libro, a su vez, es la fuente de la que manaron todos los demás libros. Y si aprendes a leerlo, te darás cuenta de que es exactamente de la misma clase que las otras historias, donde no sólo se oye el rugido del viento en la copa de los árboles o el cantar de los pájaros al amanecer, sino también la voz de su Creador en tu interior y hasta el reflejo de tu propia imagen en su trama.
Leo observó mi rostro expectante, y luego continuó:
- La vida es un libro apasionante en el que los seres humanos vivimos aventuras fabulosas. Pero las vivimos tan intensamente que hemos llegado a olvidar como aparecimos en él.
"La gente de nuestra cultura alza la mirada al cielo tratando de recordar el motivo de su existencia. No sólo las religiones han tratado de dar con él, también la filosofía y la ciencia materialista buscan esa respuesta. Para ello, tienen que ejercer de adivinos y rastrear hacia el pasado siguiendo las señales. La cosmología hizo ese rastreo hacia el pasado, y se topó de bruces con el origen del universo; con el Big-Bang. Ha logrado llegar hasta el principio del libro, a la primera página. Pero no ha logrado ir más allá... La ciencia materialista es incapaz de imaginar lo que ocurría antes del nacimiento del universo, antes de que se produjese el Big-Bang. Lo mismo ocurre con el estudio de la Prehistoria, no puede entender qué pensaban los pobladores humanos antes del nacimiento de la civilización porque imagina que no pasaba nada.
- ¿Y qué pasaba antes de que el universo naciera?
- Morábamos en la Mente de Dios, José Manuel. Por tanto, la creación del universo es, de alguna forma, artificial "a los ojos" de su creador, es decir, pura ilusión.
Frunciendo el entrecejo, miré a Leo a los ojos y pregunté:
- Entonces, ¿cómo es Dios? ó ¿qué es?
- Mente Viviente -respondió Leo-. Tan amplia como alcances a concebirla... Mente Infinita y Viviente. Dios es Espíritu...
- ¿Y qué es Espíritu?
A Leo pareció sorprenderle la pregunta.
- Esa pregunta no tiene respuesta, porque responderla sería definir a Dios, lo que obviamente es imposible. El Espíritu es simplemente el nombre que se le dá a la más alta concepción de la Infinita-Mente-Viviente o, lo que es lo mismo, la "esencia real", tan superior a todo cuanto entendemos por vida y mente, como éstas últimas a la energía o a la materia. El Espíritu está más allá de nuestra comprensión, y sólo usamos dicho término en el mismo sentido y queriendo significar lo mismo que cuando hablamos de Dios. Bien hacemos esto o nos vemos obligados a dejar de pensar.
Le hice saber que estaba de acuerdo, e hice otra pregunta.
- Siendo Dios Espíritu, ¿cómo creó el universo?
- Podemos responder esta pregunta si la planteamos pensando en nuestro propio plano de existencia. Por ejemplo, ¿de qué formas puede crear el hombre?
Pensé un momento, y luego respondí:
- Una forma que tiene de crear el hombre es usando materiales externos que la naturaleza le proporciona.
- Cierto. Pero en el caso de Dios no sirve, ya que Él no dispone de ninguno. Así que busquemos otra.
- Otra forma de crear sería por medio de la reproducción, es decir, teniendo sexo.
- Muy cierto, José Manuel. Pero tampoco ese método nos sirve, porque Dios no puede reproducirse a sí mismo.
- Entiendo.
- Hay, sin embargo, un tercer procedimiento por el cual el hombre puede crear, que es mentalmente. Y en el caso de Dios sí nos sirve porque, sin emplear materiales externos (pues no hay ninguno), ni reproduciéndose a sí mismo (lo que es imposible), la única manera que Dios puede usar para crear es... Mentalmente.
Leo se percató de mi perplejidad, y dijo:
- Esta verdad es más fácil de comprender si nos ponemos de acuerdo en lo siguiente: Dios lo es Todo, y nada puede existir fuera de Él, ó, de lo contrario, Dios no sería Dios. Es Infinito, porque nada puede existir que lo defina, limite o le ponga restricciones. Es Infinito en Tiempo, o Eterno. Siempre ha existido, continuamente, pues nada puede haberlo creado jamás, y algo no puede surgir nunca de nada, y si alguna vez no hubiera Sido, aunque sólo fuera por un instante, no podría "Ser". Existirá por siempre, porque no hay nada que pueda destruirlo, y jamás podrá dejar de Ser, ni aún por un sólo momento, pues algo no puede convertirse en nada. Es Infinito en el Espacio, y se encuentra en todas partes, porque nada existe ni hay sitio alguno que esté más allá de Dios. Es Infinito en Poder, o Absoluto, porque no hay nada que pueda limitarlo, restringirlo, confinarlo u obstaculizarlo. No está sujeto a ningún poder, porque no hay otro que el Suyo. Es Inmutable, esto es, no sujeto a cambio en su naturaleza real, pues nada existe que pueda obligarlo a cambiar o transformarse. Dios no puede ser aumentado o disminuido, ni ser mayor o menor, bajo ningún aspecto. Ha "Sido" siempre, y seguirá "Siendo" siempre también, idéntico a lo que es ahora: Todo; Uno; Dios...
- Por lo que alcanzo a entender -dije-, vivimos y nos movemos en la Mente de Dios.
- Así es. Todo es Mente... Imaginación Creadora. De igual manera que el hombre puede crear un universo en su mente, así mismo creó Dios los Kosmos en la Suya. Pero mientras la creación del hombre es la creación de una mente finita, la Creación de Dios sería la Creación de una Mente Infinita. Ambas son iguales en clase, pero diferentes en grado. ¿Comprendes?
- Creo que sí.
- El principio de creación o generación se manifiesta en los dos planos de existencia: el material y el espiritual. El "género" sin embargo, no significa "sexo", pues este último no es más que la manifestación material del género. Género significa "lo relativo" a la generación o creación. Y dónde quiera que algo se genera o se crea, sea en el plano que sea, este principio está allí manifestado. Y esto es siempre así, aún en lo que se refiere a la creación de los universos imaginados por Dios.
- Comprendo.
- Dios, en sí mismo, está más allá del género, así como también está más allá de cualquier otra Ley, incluyendo la del tiempo y del espacio. Él es la Ley de la cual todas las leyes proceden y, por lo tanto, no puede estar sujeto a éstas últimas. Más, cuando Dios se manifiesta en el plano de la generación o creación, entonces actúa de acuerdo con la Ley y con el Principio, pues se está moviendo en un plano inferior de existencia. Y, consecuentemente, Él se manifiesta en sus aspectos masculino y femenino, en el plano espiritual, por supuesto.
Le pedí a Leo que aclarara un poco más este último comentario.
- Dios es Uno -dijo-, es el Ser mismo, y estos dos aspectos (el masculino y el femenino) son simples fases de manifestación. Su lectura es simple, y puede explicarse fácilmente diciendo que el principio masculino manifestado por Dios permanece en cierta manera aparte de la creación mental del universo. Proyecta su Voluntad sobre el principio femenino, que en este caso es la Naturaleza, siendo ésta la que comienza la obra evolutiva del Universo, desde simples "centros de actividad", hasta el Hombre, y aún a más elevados planos de existencia que el humano. Todo ello con las bien establecidas leyes de la Naturaleza. Se puede concebir entonces el principio masculino como Dios, nuestro Padre, y el principio femenino como Naturaleza, Nuestra Madre, de cuya matriz nacen todas las cosas y seres.
Esta última explicación me llamó poderosamente la atención, y pregunté a Leo si tenía alguna relación con el quinto mandamiento, que dice: "Honra a tu Padre y a tu Madre, como te ha mandado el Señor tu Dios".
Leo asintió con una sonrisa, y luego dijo:
- Ciertamente ese mandamiento no alude a los padres humanos, biológicamente hablando, sino a los padres espirituales que acabo de mencionar.
En mi cabeza se formaban preguntas por doquier, y no era capaz de elegir una con la que encajase en la conversación. Pasaban a toda velocidad y no conseguía atrapar ninguna.
Leo, consciente de mi estado, dijo:
- Aplicando este mismo proceso en nuestra propia mente con el fin de comprenderlo mejor, se podría explicar de la siguiente manera: esa parte de nosotros a la que llamamos "yo", en cierto sentido permanece aparte de la creación de nuestras imágenes mentales en el intelecto. La parte de la mente en la que se efectúa la generación de las imágenes puede llamarse el "mí", en distinción con el "yo", que permanece aparte y que examina los pensamientos, ideas e imágenes del "mí". Así, los fenómenos de un plano pueden emplearse para resolver los enigmas de los planos superiores e inferiores. "Como es en espíritu es en materia", o dicho en otras palabras: "Como es arriba es abajo".
Para mí resultaba paradójico que para Dios el universo, sus leyes, su vida y sus fenómenos sean cosas contempladas en un estado de meditación o ensueño y que, sin embargo, para mí resulte tan real.
- Sí. Y así debe ser tratado -me advirtió Leo con énfasis-. La vida, las acciones y los pensamientos deben estar basados en ello acordemente, si bien se tenga un claro conocimiento y realización de la Verdad Superior de cada uno con respecto a su propio plano y leyes.
- ¿Por qué? -pregunté.
- Porque si Dios hubiera imaginado un universo real sería desastroso para Él, porque entonces no podría ascender de lo inferior a lo superior. El universo se habría convertido en algo fijo, inmóvil, y el progreso evolutivo resultaría imposible. Y si el hombre, por su parte, debido a su semi-sabiduria, vive y piensa en el universo como si éste fuera un sueño (parecido a sus propios sueños finitos), así se convertiría efectivamente para él y, al igual que un cadáver que caminase, se encontraría dando vueltas en un círculo sin hacer el menor progreso y siendo forzado por último, a despertarse y vivir por las leyes naturales que él hubiera olvidado. No hay verdades a medias.
Le pedí a Leo que me explicase en qué consistía entonces la realidad.
- La realidad tiene dos polos -dijo-: la material y la espiritual; lo relativo y lo absoluto. Desde el punto de vista espiritual o absoluto, el universo es una ilusión, un sueño, si se compara con Dios en sí mismo. Esto lo reconocemos nosotros cuando hablamos del mundo como de un sueño, que va y viene, que nace y muere, desde el momento que todo lo que es mudable, que cambia, que es finito e insubstancial, debe estar ligado a la idea de un universo creado, cuando se compara con Dios mismo, no importando cual pueda ser nuestra creencia respecto a la naturaleza de ambas.
- Entonces -repliqué-, todo lo que tenga un principio y un fin, en cierto sentido debe ser irreal e ilusorio.
- Así es, José Manuel.
- Y el universo se encuentra en ese caso.
- Exactamente.
- Entonces -insistí-, desde el punto de vista absoluto no hay nada real excepto Dios, no importa los términos que usemos para pensar sobre ello o al discutirlo.
- Así es. Dios es el Alfa y la Omega. En Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestra razón de ser. El punto de vista absoluto muestra únicamente un solo lado o polo de la realidad, siendo el otro lado o polo, relativo de la misma. La verdad absoluta o espiritual es como la ve y la conoce la Mente de Dios, mientras que la verdad relativa o material es como la ve y la comprende la más elevada razón del hombre.
Le pedí a Leo un ejemplo, y él, muy compresivo conmigo, dijo:
- Podemos reconocer que la materia "existe" para nuestros sentidos y, a pesar de ello, nuestra mente finita reconoce la verdad absoluta de que realmente no hay tal materia, pues ésta no es más que un agregado de átomos, los cuales, a su vez, no son más que unidades de fuerza agrupados, y que llamamos "electrones" o "iones" vibrando constantemente con movimiento circular. Si golpeas una piedra con el pié sientes el impacto y te parece muy real, ¿no es verdad?
Asentí.
- Sin embargo, recuerda que el pié es simultáneamente materia también, constituido por electrones, y ésa sensación se percibe por la intervención del cerebro, que también es igualmente materia. Pero si no fuese por la mente, no sabríamos absolutamente nada ni del pié ni de la piedra.
Asentí, a punto de entender.
Leo, consciente de mis dudas, añadió:
- La historia que Cervantes reprodujo en Don Quijote de la Mancha, pudo haberles resultado muy real a sus personajes. Y si eso fuera cierto en el caso nuestro, ¿cuál sería el grado de realidad de las imágenes mentales creadas en la Mente de Dios?
No me atreví a responder. Leo lo hizo por mí.
- Para nosotros, este universo de mentalidad sería ciertamente muy real, pero es el único que jamás podremos reconocer, aunque nos elevemos de plano en plano cada vez más alto. Para ello tendríamos que ser Dios mismo, al igual que Don Quijote tendría que ser Cervantes mismo. Pero es igualmente cierto que cuanto más nos elevemos en la escala, tanto más cerca nos encontraremos de la Mente del Padre, y tanto más evidente se hace la naturaleza ilusoria de las cosas materiales y finitas.
Leo hablaba con una firmeza y una seguridad pasmosa y embriagadora. Para él, parecía no existir nada imposible.
Entonces, sorprendentemente, hizo el siguiente comentario:
- Dios se parece a un padre humano, y como tal debemos verle para comprenderle. Los libros sagrados de nuestra cultura, sin embargo, hablan el lenguaje de los hombres, y percibe a Dios con cualidades y defectos. Los hombres afirman que Dios es grande, sabio, triste, decepcionado, compasivo, omnipotente y celoso. Terrible en su ira y generoso en su bondad. A veces, se dirige una plegaria a sí mismo para calmar su ira y volverse bueno de nuevo... No es el hombre capaz de verlo de otro modo, por eso las Escrituras tienen que hacerle hablar el lenguaje de los humanos para hacerse entender. Pero, desde luego, el Dios de nuestras religiones está tan afectado por la Gran Mentira como ellas. De ahí que antes dijese que el Dios de nuestra cultura fuese incapaz de hacerse entender.
"El hombre es libre ante Dios. ¡Eso es lo interesante! El Gran Espíritu llama al hombre, lo persigue, lo interpela, ¡es el hombre el que tiene que responder! O ignorarle...muchos lo hacen porque no Le entienden. El universo aparece ante nosotros como un gran Libro de símbolos que ya no acertamos a descifrar porque hemos perdido la clave de acceso a sus secretos. La historia de Job es un claro ejemplo de lo que estoy diciendo: cuenta esa historia que, Job era tan creyente que Dios lo puso a prueba, a ver qué pasaba. Lo arruinó, le cubrió el cuerpo de úlceras repugnantes, lo aniquiló y, a pesar de todo, Job se empeña en creer en Él, apretando los dientes. Pero sus amigos pensaron que alguna falta tenía que haber cometido, si no, ¿por qué esos castigos espantosos? "En absoluto -dijo Job-. No he hecho nada malo. No es justo. Creo en el Eterno, pero no le entiendo..."
- Tenía mucha paciencia ese Job -dije-.
Leo, con un cálido tono de reproche, añadió:
- Job padecía también la Gran Mentira, por eso protestaba por la arbitrariedad de Dios. Realmente, si no fuera víctima de la Gran Mentira, no tendría que hacerle reproches ni pedirle explicaciones.
- Es por eso que Dios le riñe... "¿Quién eres tú para poner en dudas la Creación? ¿Dónde estabas cuando creé el universo?" -dije-. Entonces, Job comprende. "Me callo -dijo-. He hablado demasiado. No lo volveré a hacer".
- Exacto. Y lo mismo te pregunto yo ahora, ¿dónde estábamos nosotros antes de que el universo existiera?
Hubo un largo y penoso silencio.
Leo, como casi siempre solía ocurrir, terminó respondiendo a sus propias preguntas.
- Al principio...antes del espacio-tiempo, antes de que hubiera antes...al principio, cuando ni siquiera había principio, era la realidad del Espíritu. Cuando todo era noche, cuando todos los seres materiales estaban aún oscuros, antes de ser seres, morábamos en la Mente de Dios. Pero cuando Dios completó la Creación en su Mente, despertó de su estado de meditación o de ensueño, cogió su pluma, mojó la punta de ésta en la tinta del tiempo y la posó sobre la página aún en blanco del Gran Libro... Primero surgió un pequeño punto, como un sol en miniatura pero, un segundo más tarde, se hizo la luz...la tinta comenzó a extenderse por las páginas y empezó a surgir una maravillosa historia.
"Aquel pequeño punto del quel todo surgió, explosionó, y se dividió en múltiples partículas. Era como si bailasen entre ellas. Se juntaban y producían más partículas... hasta que dejaron de de bailar con tanto ímpetu. Todo crecía muy aprisa. Se formaban nubes, y esas nubes empezaron a formar galaxias, y de esas galaxias se formaron estrellas, y luego sistemas solares ligados a ellas, es decir, planetas que orbitan a su alrededor. Y en uno de esos planetas surgió nuestra vida, la cual evolucionó y surgimos nosotros, los seres humanos...
" Si eres capaz de imaginar ese proceso y trasladarlo a nuestra propia existencia, tendrás mucho camino recorrido para conseguir cambiar la mentalidad y enterrar definitivamente la Gran Mentira.
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