(X) El Árbol de la Sabiduría del Bien y del Mal
Leo es un buen caminante, como yo. No parecía dirigirse a ningún lugar en especial y yo estaba de acuerdo en acompañarlo.
Dijo:
- No estoy seguro de si ves por qué no me es sencillo arrastrar a públicos masivos en esta dirección.
- Sí, lo veo - respondí -. Lo que no estoy seguro de ver la dirección.
- Recuerda que estamos trabajando en un mosaico, no en una historia ni en un silogismo. Después de esta conversación, todavía no habrás llegado a una solución, pero deberías comprender mejor todo lo que me has leído y oído decir.
- Si, es verdad. La imagen del mosaico todavía es un poco vaga.
- Tengo que volver a la primera tesela - dijo Leo -. Sé que no está puesta con solidez.
- Muy bien.
- Hablé de los cambios de mentalidad. Dije que si el mundo se salva, será salvado por gente con un cambio de mentalidad; no por programas, sino por gente con mentalidad transformada.
- Lo recuerdo.
- A la gente le cuesta dar crédito a esta idea porque no ve lo que tenemos aquí, cada tesela..., todo el triunfo, la gloria y la catástrofe de esto, es obra de personas con mentalidad cambiada.
- Yo tampoco acabo de verlo - le dije.
- Lo sé - respondió Leo -, por eso volvemos a este tema. Tenemos que estar de acuerdo con respecto a ciertos hechos básicos. El cambio de mentalidad al que me estoy refiriendo ocurrió hace diez mil años aproximadamente, en lo que se ha llamado Creciente Fértil, una zona entre los ríos Tigris y Èufrates, ahora ocupada por Irak. Fueron los habitantes de esta región quienes, hace diez mil años, echaron los cimientos de lo que es ahora la civilización. ¿Esto lo entiendes?
- Sí.
- Bien. Ahora estoy seguro de que te das cuenta de que la raza humana no se originó en el Creciente Fértil. La raza humana se originó en África, y hay pruebas bastante concluyentes al respecto.
- Te sigo.
- Se originó en África y luego, muy lentamente, se extendió a todo el mundo: Oriente Próximo, el Lejano Oriente, Europa, hasta llegar por último a las regiones más distantes, lugares como las Américas, Australia y Nueva Guinea, hace unos treinta o cuarenta mil años. Oriente Próximo, al estar al lado de África, ha estado habitado por seres humanos modernos durante un tiempo inmensamente largo, cien mil años o más. Esto incluye la región del Creciente Fértil. ¿Entiendes lo que quiero decirte con esto?
- No, en realidad no.
- La región que nos ocupa, el Creciente Fértil, estaba habitada por seres humanos modernos unos cien mil años antes de que empezara nuestra revolución agrícola.
- Sí. Creo que eso ya lo había entendido.
- Estoy señalando que la revolución que nos ocupa ocurrió entre gente que había estado viviendo allí durante decenas de miles de años. La gente vivía allí y se produjo una revolución. La revolución no fue un fenómeno meteorológico. No fue un terremoto ni la erupción de un volcán. Fue algo que ocurrió entre la gente. Hace unos diez mil años, la gente que había estado viviendo en el Creciente Fértil durante decenas de miles de años empezó a vivir de una manera nueva, de la manera a la que me he referido como la estirpe de Caín.
- Entiendo.
- No empezaron a vivir de una manera nueva porque se estaban muriendo de hambre, porque, como he explicado, la gente que se está muriendo de hambre no inventa estilos de vida, como la gente que se está cayendo de un avión no inventa el paracaídas. Y esa nueva manera de vivir no se adoptó porque sí, como un inevitable paso más en la evolución. Lo que estos fundadores de nuestra cultura inventaron en esencia para nosotros fue la idea de trabajo. Desarrollaron una manera dura de vivir... la manera más dura de vivir que se ha conocido en este planeta.
- Pero les dio otras cosas además de una vida dura.
- Exactamente. ¡Ahora me estás siguiendo, José Manuel! Ahora estás empezando a ver por qué digo que esta gente representa un cambio de mentalidad. No pensaban como los gebusi, o los cheyenes, o los alawa, los masai o los bosquimanos, o los yanomami, o cualquier otro de los miles de pueblos tribales que podría nombrar. Lo que estaban haciendo no tenía sentido para sus vecinos, pero no hacía falta que lo tuviera. Lo que estaban haciendo no habría tenido sentido para sus remotos antepasados, pero, una vez más, no hacía falta que lo tuviera. Sin embargo, lo que estaban haciendo tenía perfecto sentido para ellos, igual que lo que hacen los gebusi tiene perfecto sentido para los miembros de su pueblo. Lo que hacían tenía perfecto sentido para ellos porque veían las cosas de una manera diferente... diferente de como la habían visto sus antepasados y diferente de como la habían visto sus vecinos. ¿Comprendes ahora por qué digo que estos pueblos representan un cambio de mentalidad?
- Creo que sí.
- Porque compartimos ese cambio de mentalidad, analizamos lo que hicieron y decimos: "Pues claro, esto tiene sentido. ¿Qué podría ser más obvio? Esto tenía que ocurrir. Los seres humanos estaban destinados a vivir como los caín". Porque compartimos su esquema mental, su revolución tiene perfecto sentido para nosotros. Para nosotros parece lógica e inevitable, tal como comerse a los hechiceros parece lógico e inevitable a los gebusi.
- Si, comprendo.
- Sabemos a qué grupo étnico pertenecían estos pueblos, evidentemente eran blancos, pero no hay ninguna razón para suponer que todos los pueblos blancos tomaran parte en esta revolución. Los gebusi y sus vecinos los kubor, los bedamini, los oybae, los honibo y los samos pertenecen todos al mismo grupo étnico, pero no tienen una cultura común. ¿Me sigues?
- Creo que sí.
- Nunca sabremos cómo se llamaban a sí mismos los pueblos de la revolución, pero pongamos un nombre familiar para ellos. Llamèmoslos Caín.
- De acuerdo.
- Los caín no fueron agricultores porque tuvieran hambre o porque les gustara más trabajar con tesón que holgazanear. Prácticamente sin ayuda, tú captaste el hecho clave de que obtenían algo de su laboriosa vida que les compensaba. ¿Por qué se hicieron agricultores? ¿Qué les dio la agricultura totalitaria que la caza y la recolección no dio a sus vecinos y antepasados?
- Ya me lo has explicado. Les dio poder.
- Así es. Su revolución no fue para conseguir alimento, sino poder. Y sigue siendo así.
- Si, lo entiendo.
- Una vez alguien me preguntó cómo podía seguir sosteniendo que la raza humana no era imperfecta si está tan enamorada del poder. "Los caín sucumbieron al deseo de poder", dijo esa persona. "¿No es un defecto? Todos sus descendientes culturales sucumbieron al deseo de poder. ¿No es una imperfección?" Le hablé de un famoso experimento psicológico efectuado a finales de los años cincuenta. Se implantó un electrodo en el centro del placer del cerebro del un mono. Pulsando un botón en una pequeña caja de mandos, se enviaba un impulso eléctrico al electrodo, produciéndole al mono una tremenda sacudida de placer físico. Entregaron la caja al mono, que por supuesto no tenía la menor idea de lo que era, pero finalmente oprimió el botón por casualidad, provocándose esa tremenda descarga de placer. No hicieron falta muchas repeticiones para que el mono descubriera la conexión entre el botón y el placer, y una vez que hubo ocurrido, se quedó allí sentado hora tras hora apretando el botón y provocándose descargas. Se olvidó por completo de la comida y del sexo. Si finalmente no le hubieran quitado la caja, el mono se habría quedado allí y literalmente se habría matado de placer. He aquí la pregunta que formulé a mi interlocutor: "¿Tenía algo raro este mono? ¿Tenía algún defecto?". ¿Tú qué opinas, José Manuel?
- Yo diría que no. El mono no tenía ningún defecto.
- Yo diría lo mismo. Y tampoco lo tenían los caín. Apretar el botón de la agricultura totalitaria les produjo una tremenda descarga de poder. Produjo la misma sacudida de poder al pueblo chino y al pueblo europeo. Nos causa la misma descarga de placer hoy. Y al igual que el mono, nadie quiere dejar de pulsar ese botón, por lo que corremos un serio peligro de matarnos de placer con interminables sacudidas de poder.
Asentí.
- Creo que esto es a lo que te refieres cuando dices que si el mundo se salva, lo salvará la gente con mentalidad cambiada. La gente con mentalidad sin cambiar dirá: "Minimicemos los efectos de apretar el botón". La gente con mentalidad cambiada dirá: "Tiremos la caja".
Leo asintió.
- A mí no se me habría ocurrido decirlo de ese modo, pero por supuesto que tú estás en lo cierto. En cuanto la gente de nuestra cultura decida dejar de oprimir el botón, las cosas empezarán a cambiar espectacularmente. Y cuando tú empiezas a expresar las cosas mejor de lo que yo mismo habría podido expresarlas, es un claro indicio de que estás en camino de convertirte en el mensaje.
En ese momento nos dispusimos a prepararnos algo de comer y ambos nos callamos para dedicarle nuestra atención. Luego Leo dijo:
- Hay una conexión que debería explicarte y que he estado postergando, pero será mejor que la haga de una vez.
Le pregunté por qué la había estado evitando.
- Lo comprenderás enseguida.
- Adelante. Soy todo oídos.
- Te he explicado que los caín parecían locos a sus vecinos, tal como los gebusi nos parecen locos a nosotros. ¿Te resulta difícil de creer?
- Si, pero supongo que a los gebusi les resulta igualmente difícil de creer que nos parecen locos.
- Exactamente - dijo Leo -. Los caín nos parecen totalmente lógicos y normales porque somos sus descendientes culturales. Tenemos la misma concepción del mundo que tenían ellos; compartimos su misma visión.
- Comprendo. Pero aún así, no podemos saber verdaderamente lo que los vecinos de los caín pensaban de ellos.
- En este caso, por un gran golpe de suerte, podemos saber lo que al menos algunos de sus vecinos pensaban de ellos. O mejor dicho, lo sabemos porque tenemos su versión de lo que sucedió. También sabemos a qué grupo étnico pertenecían estos vecinos, pero no qué nombres recibían. Llamèmoslos zeugen... es decir, testigos. En términos de estilo de vida, los zeugen eran muy parecidos a los masai de África Occidental. ¿Conoces a los masai?
- Algo, sí. Son pastores nómadas, ¿no?
- Así es. Los zeugen también eran pastores nómadas y cuando se fijaron en la revolución de los caín, no vieron en ella un adelanto tecnológico ni nada que se le pareciera. Lo que vieron fue un trastocamiento del orden del universo. Vieron, igual que tú, que la agricultura totalitaria no tiene que ver con la comida, sino con el poder...el poder sobre quién vive y quién muere en el mundo. ¿Está claro por qué lo veían así?
- Háblame un poco al respecto.
- La manera más fácil de verlo es por medio del ejemplo. Según la agricultura totalitaria, las vacas pueden vivir pero los lobos deben morir. Según la agricultura totalitaria, los pollos pueden vivir, pero los zorros deben morir. Según la agricultura totalitaria, el trigo puede vivir pero la chinche del trigo debe morir. Cualquier cosa que comamos puede vivir, pero cualquier cosa que se coma nuestro alimento debe morir...y no meramente con el fin de que no lo haga. Nuestra postura no es: "Si un lobo ataca mi rebaño, lo mataré". Nuestra actitud es: "Borremos a los lobos de la faz de la Tierra". Por ejemplo, cuando se trató de las vacas y los lobos, dijimos: "Hay que destruir a los lobos", y los lobos fueron destruidos, y dijimos: "Que haya miles de millones de vacas", y hubo miles de millones de vacas.
- Muy bien, lo comprendo.
- ¿Quién ejerce normalmente ese poder desde el principio de los tiempos?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Quién decide quién vive y quién muere en este planeta?
- ¿Dios?
- Por supuesto que sí. Dios posee una sabiduría especial que le permite gobernar el mundo. Esta sabiduría incluye el conocimiento de quién debería vivir y quién debería morir, pero abarca muchísimo más que eso. Son los conocimientos generales que Dios utiliza para armonizar el mundo. Lo que los zeugen percibieron, desde el punto de vista de unos pastores nómadas de hace diez mil años, es esto: que toda elección que Dios hace es buena para un ser pero mala para otro, y si lo pensamos bien, de hecho no puede ser de otro modo. Si la codorniz sale a cazar y Dios le envía un saltamontes, entonces esto es bueno para la codorniz pero malo para el saltamontes. Y si el zorro sale a cazar y Dios le manda una codorniz, esto es bueno para el zorro pero malo para la codorniz. Y viceversa. Si el zorro sale a cazar y Dios oculta a la codorniz, esto es bueno para la codorniz pero malo para el zorro. ¿Me comprendes?
- Sí.
- Cuando los zeugen vieron en qué andaban los caín, se dijeron: "Esta gente se ha nutrido en el propio árbol de la sabiduría de Dios, el árbol de la sabiduría del bien y del mal".
- ¡Ehhh! - exclamé -. ¿De dónde has sacado eso?
- Es lo que dice el Génesis, ¿no es así?. Ya te dije que por un gran golpe de suerte, hubo testigos que plasmaron su versión de lo ocurrido.
La sensación que experimenté al oír la versión que Leo hizo de La Caída, es inenarrable. Pasaron varios minutos hasta que tuve el aplomo de preguntarle:
- ¿Algún estudioso de la Biblia ha escuchado esta versión?
Leo asintió.
- Ellos la conocen, y me acusan por este motivo. Me han dicho blasfemo, Engendro del Maligno, o Anticristo, entre otras cosas.
- ¿En serio? Eso lo ignoraba. Supongo que lo dirán porque no entienden nada.
- ¡Oh no! Lo dicen porque sí entienden - corrigió Leo, en un tono sombrío -. Hasta ahora nadie ha encontrado ningún motivo para rebatir esta versión. También hay muchos que aseguran que es la única explicación con sentido que habían oído en su vida.
- También es la única que yo haya oído y leído que tenga sentido. Y he oído y leído muchas.
Recuerdo haberme quedado inmóvil y en silencio durante dos o tres minutos, allí sentado, mientras trataba de encontrar todas las implicaciones de esta nueva interpretación de la historia de la Caída. Cuando por fin meneé la cabeza y abandoné, Leo continuó.
- Pensaba que tenía que sacar este tema para que quedara claro el punto que he estado tratando de señalar acerca de esta revolución. El tan conocido y polémico mordisco de la manzana fue descrito por los autores de la historia del Génesis como una cuestión de cambio de mentalidades. La Caída y el nacimiento de nuestra cultura van asociados al nacimiento de la agricultura, ya que ambos sucesos ocurrieron a la vez y en la misma parte del mundo. La dificultad que siempre existió a la hora de identificarlos como un solo suceso ha sido que la Caída se percibe como un hecho espiritual, mientras que el nacimiento de nuestra cultura se percibe como un hecho tecnológico. Los dresultados han dado paso a muchas y profundas ramificaciones espirituales producto de este hecho tecnológico. Y ya he explorado esas ramificaciones, los resultados y las consecuencias están a la vista de quién quiera verlos... Lo que los zeugen vieron nacer en sus vecinos los cain no era un nuevo estilo de vida, sino una nueva actitud mental, una actitud mental que nos hizo ser tan sabios como Dios, que hizo que el mundo se convirtiera en propiedad del Hombre, que nos dio el poder de la vida y de la muerte sobre el mundo. Creían que esta nueva actitud mental significaría la muerte de Abel...y los acontecimientos demuestran que tenían razón.
No podía más, y así se lo dije a Leo.
Él me lanzó una mirada de perplejidad con el entrecejo fruncido.
- Es todo lo que puedo escuchar por hoy - le dije.
- ¡Pero si es temprano!
- Lo sé y lo lamento, pero no puedo asimilar nada más. Tengo que poner orden en mis pensamientos y asimilar lo aprendido.
Leo se encogió de hombros.
- Estoy de acuerdo. No podemos arriesgarnos a que sufras un cortocircuito.
Esbocé una sonrisa, a pesar de que me sentía electrizado y tenso como las cuerdas de un clavicordio.
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