Parábolas: La hipocresía
La gente se aglomeraba por millares, hasta pisarse unos a otros. Entonces Leo, dirigiéndose a los más humildes de espíritu, les dijo:
-Guardaos de la levadura de los sacerdotes y de los falsos profetas, que es la hipocresía. Están enraizados en la Gran Mentira. Pero yo os digo que no hay nada oculto que no haya de manifestarse, nada secreto que no haya de saberse. Por eso, todo lo que digáis en la oscuridad será oído a la luz, y lo que habléis al oído en una habitación será proclamado desde las azoteas, porque para el Gran Espíritu no hay secretos importantes.
Cuando estaba diciendo esto, una mujer de entre la multitud dijo en voz alta:
-Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron.
Pero Leo dijo:
-Más bien, dichosos los que escuchan mi mensaje y lo ponen en práctica.
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