Parábolas: El tributo al Estado

De todos era sabido que la Iglesia tenía "espías" en todas las reuniones públicas de Leo.

Un día que estaba predicando el Gran Recuerdo, estaba entre la multitud un grupo de clérigos con el fin de cazarlo en alguna palabra.

"En la vida tribal no hay nada que equivalga a una clase trabajadora, o a una clase pobre o sin privilegios. Tampoco hay gobernantes de los que hablar; los mayores o los jefes, siempre a tiempo parcial, ejercen influencia más que poder. Si creen que esto es demasiado bueno para ser cierto, compruébenlo....

Cuando Leo terminó de hablar, uno de estos clérigos le dijo:

-Maestro, sabemos que eres sincero y que no te dejas influir por nadie, pues no miras la condición de las personas, sino que enseñas la verdad. De acuerdo con lo que has enseñado, ¿estamos obligados a pagar impuestos al Estado o no? ¿Los pagamos o no los pagamos?

Leo, dándose cuenta de su mala intención, les contestó:

-¿Por qué me ponéis a prueba? Traedme una moneda para que la vea.

Se la llevaron, y les preguntó:

-¿Ha emitido Dios esta moneda? No veo su imagen impresa.

Le contestó:

-No, Maestro, no es de Dios.

Leo le dijo:

-¿De quién es esta moneda entonces? ¿Quién la ha emitido?

-La emite el Estado, Maestro.

Leo, frunciendo el ceño, respondió:

-Pues dad al Estado lo que es del Estado y a Dios lo que es de Dios.

Esa respuesta les dejó sin palabras.

En otra ocasión, un grupo de hipócritas le recriminaron estar enamorado del tribalismo. Le decían a Leo:

-Véte a predicar estas cosas a los yanomami, a los bosquimanos, a los alawa o a los masai. Déjanos en paz.

Leo les contestó:

-No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Los pueblos tribales no necesitan que yo les recuerde quienes son, en cambio vosotros si que lo necesitáis. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los adúlteros, para que cambien su mentalidad.

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