5.1 La destrucción del sistema tribal

   En capítulos anteriores expliqué que la Gran Mentira fomentó el engaño de que en el mundo no hubo seres humanos hasta que la gente de nuestra cultura apareció, hace unos miles de años. Como colorario de este engaño, se comprendía que nuestra cultura no sólo era la primera cultura humana auténtica, sino que era la única que Dios había destinado a toda la Humanidad. Estos engaños permanecen vigentes en la actualidad en todo el mundo, en Oriente y en Occidente, gemelos de un nacimiento común, aún cuando la verdadera (y bien conocida) historia de los orígenes del ser humano obviamente no los apoya en lo más mínimo.


   Cuando los pensadores fundadores de nuestra cultura reconstruyeron la historia, los seres humanos aparecían en el mundo con un instinto para la civilización pero, naturalmente, sin la menor experiencia. Pronto descubrieron las ventajas evidentes de la vida comunitaria, y a partir de ahí el curso de la civilización estuvo claro. Las aldeas agrícolas se convirtieron en pueblos, los pueblos se convirtieron en ciudades, las ciudades se convirtieron en reinos, y así sucesivamente. Todo estaba claro, pero no era fácil, porque faltaba INVENTAR un instrumento social clave, y ese instrumento era la ley. Ignorantes incluso del mismo concepto de ley, los ciudadanos de estas primeras ciudades y reinos se veían obligados a sufrir delitos, disturbios, opresión e injusticia. La ley era una invención de autoridad vitalmente importante, de la que el desarrollo social ordenado debía depender, del mismo modo que la navegación en alta mar tenía que depender de la invención del astrolabio.


   Uno esperaría descubrir que las leyes existieron mucho antes que la escritura, pero parece no haber sido así. Si las leyes hubieran sido formuladas de forma oral en épocas anteriores a la escritura, con seguridad los primeros escritos tendrían que haber sido las transcripciones de esas leyes... pero dichas leyes no aparecen en estos escritos. En realidad, el primer código legal escrito, el Código de Hammurabi, data sólo de alrededor del 2100 a.C.


   Esto era aproximadamente lo que los pensadores fundamentales imaginaban, y esto es lo que se convirtió en la sabiduría transmitida en nuestra cultura, fijada en todo el pensamiento social... y en los libros de texto infantiles. En todo el orbe, incluso en la actualidad. Resulta innecesario aclarar que se acerca tanto a la verdad como el cuento de hadas de que a los niños los traen las cigüeñas.


   Quitémonos ahora el antifaz de la Gran Mentira y dediquemos una mirada a lo que realmente ocurría en el mundo hace diez mil años. Está suficientemente demostrado que la raza humana se originó en África hace, como mínimo, tres millones de años. Muy lentamente, diferentes tribus fueron saliendo de su lugar de nacimiento durante más de cien mil años y habían llegado prácticamente a todos los rincones del planeta... y no quiero decir recientemente. Para la época a la que me estoy refiriendo, hace diez mil años, Oriente Próximo, Europa, Asia, Australia y el Nuevo Mundo habían estado ocupados por seres humanos modernos al menos durante veinte mil años. Y, lejos de estar vacío, Oriente Próximo estaba entre las regiones más densamente pobladas de la Tierra... es decir, densamente pobladas de pueblos tribales, como los que se encontraban en todas partes del mundo y como los que se encuentran todavía hoy en aquellos lugares que se les ha permitido sobrevivir.


   De manera que hemos dado dos pasos más allá del cuento de hadas: los fundadores de nuestra cultura no vivían en un planeta vacío, eran un pueblo tribal rodeado por otros muchos pueblos tribales... y ninguno era nuevo en el asunto de la cultura. Eran muy, muy, muy veteranos en el tema, lo cual significa que ni uno solo desconocía el concepto de Ley. Ni una sola vez en toda la historia de la antropología se ha encontrado un pueblo tribal no equipado con un conjunto completo de leyes... es decir, completo para el estilo de vida de esa tribu en particular.


   Los nombres de las tribus que en esa época habitaban la región que viene al caso serán siempre desconocidas para nosotros. Es igualmente desconocido el nombre de la tribu en la que nació nuestra propia aproximación caprichosa a la vida. Para que sea un nombre conocido y familiar, la llamaré Caín, como en el Génesis. Partiendo de aquí, te contaré una historia que me he inventado y que obviamente no está destinada a tomarse como historia real, desde luego, pero tampoco como un ridículo cuento de hadas, como el que oímos de boca de quienes todavía están cegados por la Gran Mentira.


   No cabe duda de que la tribu caín existió (tiene que haber existido o no estaríamos aquí) y sin duda era un pueblo tribal rodeado de otros pueblos tribales, que aquí represento con el nombre de abel, ami, set, lot, keo, y así sucesivamente hasta llegar a caín.


   Este gráfico refleja dos realidades de vital importancia en la vida tribal. Primero, el fondo oscuro de cada región tribal es lo que hace que el nombre de la tribu resalte. Lo que esto intenta mostrar es que cada tribu se define por la solidez y la densidad de sus propias leyes y costumbres. No hay prácticamente ninguna otra manera de distinguirlas. Las leyes y costumbres de los libo son los que los distingue como tribu. Las leyes y costumbres de los uri son los que los distingue como tribu. Las leyes y costumbres de los ami son los que los distingue como tribu. Y así sucesivamente. Segundo, la línea gruesa que delimita cada tribu hace evidente que las fronteras culturales entre las tribus son impenetrables. Un miembro de los uri no puede decir un día, sin más, convertirse en un miembro de los libo; semejante cosa es completamente impensable entre los pueblos tribales de cualquier lugar del mundo.


   Es probable que en esta época algunos de estos pueblos tribales fueran agricultores y otros cazadores-recolectores. No hay nada extraño en encontrar los dos estilos de vida conviviendo uno al lado del otro. De cualquier modo, sabemos que los caín eran agricultores... aunque no hay motivo ninguno para suponer que inventaran ellos la agricultura. Su invención fue un nuevo estilo de agricultura: el estilo totalitario.


   Pero la extraordinaria innovación de caín no fue sólo un nuevo estilo de agricultura. Los caín tuvieron la idea brillante y sin precedentes de que todos los demás pueblos tenían que vivir como ellos. Es imposible recalcar hasta qué punto fueron originales en este particular. No puedo nombrar ningún otro pueblo de la historia que tuviera como meta ganar como prosélitos a sus vecinos. Sin duda, ningún pueblo tribal de la historia ha manifestado ningún interés por convertir a sus vecinos a su modo de vida... y no conozco ningún pueblo moderno que evidenciara tampoco un interés semejante. Por ejemplo, ni los mayas, ni los nátchez, ni los aztecas tuvieron interés por extender su estilo de vida a los pueblos que tenían a su alrededor, sin excluir a los que conquistaban. Los caín fueron decididamente revolucionarios en este aspecto. Fuera por inspiración, persuasión o agresión, la revolución caín empezó a absorber a sus vecinos.


   Al adoptar una cultura común, los caín, keo y nuh han perdido necesariamente parte de la solidez que una vez los definía como pueblo tribal. Por eso se representan un tanto difuminados. Las leyes y costumbres de los caín significaban poco para los keo o los nuh; las leyes y costumbres de los keo significaban poco para los caín o los nuh; Las leyes y costumbres de los nuh, significaban poco para los keo o los caín. Como ahora los tres pueblos comparten un estilo de vida común, las fronteras culturales entre ellos se esfuman. Ahora ya no es tan fácil distinguir a uno de otro, de modo que ver un keo o un nuh no es tan importante como lo fuera una vez. Lo que importa ahora es que se han aliado con los caín. Debería tenerse en cuenta que en esta alianza las leyes y costumbres originales de los caín no son más importantes que las de ningún otro. Los keo y los nuh no se han convertido en caín. Sólo han dejado de ser en gran medida keo y nuh.


   Y el proceso continúa.


   Las leyes y costumbres de las distintas tribus siguen desvaneciéndose en la irrelevancia. Los keo y los nuh han perdido ya prácticamente su identidad tribal, y los abel y los ami se les unirán pronto.


   Por fin las doce tribus originales se han integrado en una única y vasta colectividad de agricultores. Como las leyes y costumbres se han reducido a la nada, la identidad tribal de cada cual es casi ilegibles. Es tan fácil para un lot vivir entre los set como para un belga vivir en Francia o para un cordobés vivir en Barcelona.


   La aculturización entre las doce tribus está completada. Ahora estamos listos para describir el estado de la ley en esta agricultura colectiva.


   Los pensadores que fundaron nuestra cultura imaginaron que ésta nació en un mundo carente de ley. Tal como indica la serie de dibujos anteriores, nuestra cultura nació en un mundo lleno de leyes, y luego procedió a borrarlas... estoy seguro de que muy inadvertidamente (por lo menos al principio). Incluso la ley de la primera tribu caín desapareció, convertida por este proceso en tan irrelevante como el resto.


   Quiero que tengas en cuenta que esta reconstrucción no es del todo un producto de la imaginación. Estudia la propagación de nuestra cultura en América, en Australia, en África y en cualquier otra parte, y será casi imposible no advertir que la ley tribal se ha ido borrando por allí por donde ha pasado... y que con la ley tribal se ha borrado asímismo la identidad tribal...


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