4.1 Bendición: una fábula acerca de la población

   Sucedió una vez, en un planeta no muy distinto del nuestro, que los investigadores de una compañía farmacéutica tuvieron suerte con una sustancia que estaban probando como analgésico. Al ingerir esta sustancia, llamada D3346, los ratones que sufrían dolor empezaron a dar muestras de alivio: se pusieron más retozones, se apareaban con mayor frecuencia, tenían más apetito, etc. Las pruebas con seres humanos extasiaron a los altos cargos de la compañía. El D3346 era más eficaz que otras drogas mucho más poderosas y no tenía efectos secundarios nocivos (aparte de provocar en el sujeto un olor desagradable que desaparecería cuando se interrumpía el uso de la droga).


   El nuevo medicamento funcionaba tan bien que el departamento de comercialización sabía que tenía más que un simple calmante en las manos. La gente se las arreglaba para vivir con multitud de molestias y dolores casi continuamente, y por el solo hecho de librarlos de ellos, el D3346 daba a los usuarios una sensación de bienestar tan intensa que era casi como entrar "en el cielo". Se adoptó el nombre de "Bendición" para el nuevo producto sin discusión, así como su eslogan: "!Calma el dolor que usted ni sabía que tenía".


   Al principio el medicamento se comercializó en forma de píldoras y jarabe, pero en menos de un año alguien tuvo la brillante idea de presentarlo en forma de polvo en envases desechables diseñados para ocupar su lugar junto al salero y el pimentero en la mesa del comedor. En pocos meses, todas las formas "medicinales" habían desaparecido de los estantes de los comercios y la "Bendición" ya no se tomaba para "combatir el dolor". Se había convertido en un beneficioso aditivo alimenticio más, como una vitamina.


   Nadie se sorprendió cuando, nueve meses después de la introducción de la droga, la natalidad empezó a aumentar. Esto ya se había pronosticado, y todos entendían el motivo. Bendición no aumentaba la fertilidad ni el apetito sexual; no era un afrodisíaco. La gente que lo tomaba se sentía mejor, era más lúdica, más cariñosa, más extrovertida. Estaba previsto que pronto la natalidad se estabilizaria...y así fue: aproximadamente un diez por ciento por encima de la tasa anterior.


   En este planeta, el pueblo del que he estado hablando no constituía una cultura mundial dominante, como la nuestra, pero pronto empezaron a hacerse notar mundialmente. En primer lugar, olían mal, lo que les valió el nombre por el que se hicieron famosos en todo el mundo: los apestosos. En segundo lugar, respondiendo a las presiones demográficas internas, eran unos transgresores e invasores incorregibles. No obstante, los apestosos habitualmente se las arreglaban para llevar a cabo sus invasiones sin violencia... haciendo que Bendición llegara antes que ellos.


   No importa que nadie quisiera terminar oliendo mal como los apestosos. La Bendición estaba allí, y pocos podían resistirse a tomar una dosis ocasional para aliviar un dolor de espalda o una jaqueca, y antes de que se dieran cuenta la estaban usando como sal de mesa. La gente empezó detestando a los apestosos y resistiéndose con vehemencia a sus invasiones, pero terminó convirtiéndose ella misma en apestosa. Después de unos cientos de años la expansión de los apestosos llegaría a su fin... porque no había nuevas tierras en las que expandirse. Todo el planeta era apestoso.


   Los dirigentes perspicaces se dieron cuenta que el problema demográfico iba a ser grave en poco tiempo, pero pasó un siglo sin que se tomaran medidas significativas. La población humana, al no tener motivos para hacer otra cosa, siguió creciendo. El hambre se convirtió en un rasgo característico de la vida en ciertas partes del mundo, y en algunas regiones la solución al problema llegó a comprenderse no como la necesidad de limitar la natalidad, sino como la necesidad de aumentar la producción de alimentos. Pasó otro siglo y la población humana continuaba creciendo.


   En círculos informados, la gente empezó a practicar y a defender distintas estrategias para el control demográfico, que iban desde el control de la natalidad en una u otra forma hasta programas escolares diseñados para reducir los embarazos en adolescentes, pero ninguna de estas iniciativas tuvo un resultado apreciable. A medida que más y más gente tomaba conciencia de la crisis, los sociólogos y los economistas comenzaron a investigar más profundamente sus causas. Observaron, por ejemplo, que en muchas partes del mundo tener hijos era una forma de éxito económico; a falta de otras oportunidades, especialmente para las mujeres, la gente traía hijos al mundo para que sirvieran de trabajadores no asalariados y de garantes de una seguridad para la vejez.


   Un biohistoriador llamado Spry quiso llamar la atención de la gente hacia el hecho de que, antes de la aparición de Bendición, la población humana del planeta se había mantenido prácticamente estable, pero a sus oyentes les costaba mucho comprender la conexión entre las dos cosas.


   El profesor Spry trataba de explicarla: "Si se introduce Bendición en la dieta de cualquier especie", decía, "el resultado será el mismo: la tasa de natalidad aumentará. Sin ningún aumento compensatorio en la tasa de mortalidad, la población total de la especie también aumentará inevitablemente".


   Los que escuchaban al profesor realmente no tenían idea de lo que quería señalar, puesto que Bendición había sido una característica constante en la dieta humana durante mil años, y no podían ni siquiera imaginar cómo se sentirían viviendo sin ella. El profesor tuvo que explicar con mucha paciencia que, sin una ingestión constante de Bendición, todos experimentarían un montón de molestias y dolores menores, se sentirían un poco menos lúdicos, un poco menos cariñosos, un poco menos extrovertidos...y un poco menos propensos a mantener relaciones sexuales. Como resultado, la tasa de natalidad bajaría, y la población pronto volvería a estabilizarse.


   - Está diciendo que la solución a nuestro problema demográfico es vivir con dolor? -le preguntaba la gente con incredulidad.


   - Es una exageración total de mi punto de vista - decía el profesor -. Antes de que llegara Bendición, la gente no pensaba que "vivía con dolor". Sencillamente, vivía.


   Otros decían:


   - Todo esto en realidad no tiene nada que ver. El profesor Spry ya ha señalado que Bendición no es un afrodisíaco y que no aumenta la fertilidad por sí mismo. Que usemos Bendición no nos obliga a aparearnos con más frecuencia. Podemos aparearnos con tanta o tan poca frecuencia como deseemos. Más aún, podemos usar cualquier cantidad de métodos anticonceptivos para evitar el embarazo. De manera que resulta difícil comprender qué tiene que ver Bendición con el asunto.


   - Tiene que ver - replicaba el profesor Spry -. Si ponemos Bendición a disposición de CUALQUIER especie, los miembros de esa especie se acoplarán más a menudo, y su tasa de natalidad aumentará. No es cuestión de lo que ustedes o yo hagamos...de que ustedes o yo elijamos utilizar anticonceptivos, por ejemplo. Es una cuestión de lo que hará la especie como conjunto. Y puedo demostrar esto con experimentos: la tasa de natalidad de cualquier especie que tenga libre acceso a Bendición aumentará. No importa que sean monos, ratones, gatos, lagartos, pollos, dinosaurios...o seres humanos. No es cuestión de lo que hacen los individuos, es cuestión de lo que hacen POBLACIONES ENTERAS.


   Pero el público del profesor siempre rechazaba esta observación con indignación.


   - !No somos monos! - gritaban -. !No somos ratones, ni gatos, ni lagartos, ni pollos!


   Cada vez más lo consideraban un chiflado y un extremista, hasta que finalmente Spry perdió su puesto como profesor y con él su credibilidad como autoridad en cualquier tema, de manera que no se supo más de él.


   La crisis demográfica aumentó. Los biólogos ecologistas calculaban que la población humana ya había excedido lo que podía soportar el planeta y se encaminaba hacia la catástrofe. Hasta los optimistas y los que antes se burlaban empezaron a comprender que algo tenía que cambiar. Finalmente, los jefes de Estado de las principales potencias del mundo convocaron una conferencia mundial para estudiar y analizar el asunto. Fue un acontecimiento impresionante, sin precedentes en la historia de la humanidad. Miles de pensadores pertenecientes a docenas de disciplinas distintas se reunieron para examinar a conciencia el problema.


   Pronto el concepto de CONTROL surgió de la conferencia como tema dominante. El control demográfico implicaba el control a todo tipo de niveles y en toda clase de formas. Los nuevos controles económicos estimularían a las parejas a controlar el tamaño de la familia. En los países más atrasados, donde las mujeres eran poco más que máquinas de procrear, los nuevos controles sociales utilizarían su creatividad para realzar la prosperidad familiar. Los dispositivos, las sustancias y las estrategias para el control de la natalidad requerían una difusión más amplia. Naturalmente, a nivel individual, era necesario mejorar el control personal. Se discutieron acaloradamente los controles educativos. Algunos argumentaban que los controles eran necesarios para mantener a los niños en la ignorancia acerca del sexo, mientras que otros argüían que los controles eran necesarios para que los niños tomaran conciencia acerca del sexo.


   CONTROL, CONTROL, CONTROL... era la palabra que se oía miles, millones de veces.


   A diferencia de la palabra Bendición.


   En la gran conferencia mundial de los apestosos acerca de la superpoblación, la Bendición no era un tema importante, ni siquiera un tema secundario.


   En realidad, no se mencionó la palabra Bendición ni una sola vez.


   Naturalmente, la gente que lee esta parábola quiere saber cómo interpretarla. La gente comprende que los apestosos eran fundamentalmente irracionales al negarse a admitir la relación entre Bendición y su explosión demográfica. La relación parece evidente. La explosión demográfica de los apestosos empezó exactamente con la introducción de la droga llamada Bendición, y estaba claro que la introducción de Bendición produciría el resultado observado. La lógica y la historia se combinan para acusar a Bendición de ser la causa de la explosión demográfica apestosa. La lógica y la historia se combinan para sugerir que, eliminando esta causa, terminaría la explosión demográfica y se recuperaría la estabilidad.


   Pero en nuestra civilización, qué es lo que equivale a Bendición?


   Contestaré primero a una pregunta más fácil y te diré que mi papel en esta parábola equivale al papel del infortunado profesor Spry. Te daré un nombre de la causa de nuestra explosión demográfica, con muchas más pruebas y mayor credibilidad de las que el profesor Spry pudo reunir en el caso de Bendición, y entonces comprenderemos. Soy consciente de que habrá gente que se enfurezca cuando llego a la exposición de este punto. Se enfurece porque, como el profesor Spry, estoy acusando a lo que se percibe como la bendición más importante de nuestra cultura, una bendición mucho más esencial para nuestro estilo de vida que cualquier calmante...


   


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