3.5 Las teorías, ¿Qué ha ido mal?
Descubrir qué es lo que está mal se ha convertido en una preocupación mundial. Gente de todas las edades está trabajando en ello, gente de todas las clases sociales y económicas, de todas las tendencias políticas. Niños de diez años están tratando de descifrarlo. Lo sé porque a alguno que otro los he visto detenerse en medio de sus juegos para prestar atención al tema.
Cada año hay más niños fuera del matrimonio, que viven en hogares destrozados. Cada año hay más niños que son obligados a trabajar, a prostituirse, víctimas de malos tratos y asesinatos. Las mujeres no se quedan a la zaga, cada año hay más mujeres violadas, maltratadas y asesinadas por sus parejas. Cada año hay más personas víctimas de la delincuencia. Cada año hay más personas con miedo a salir de noche. Cada año se suicida más gente. Cada año se divorcian más parejas. Cada año hay más adictos a las drogas y al alcohol. Cada año hay más gente encarcelada por cometer delitos. Cada año hay más gente que encuentra un entretenimiento rutinario en la violencia asesina y la pornografía. Cada año más gente se inmola en cultos dementes, terrorismo engañoso y estallidos de violencia repentinos e incontrolables. Cada año...
Las teorías que se formulan para explicar estos hechos son en su mayor parte generalidades vulgares, perogulladas y tópicos. Son la sabiduría tradicional, transmitida a través de los tiempos. Se oye decir, por ejemplo, que la raza humana está mortal e irremediablemente enferma. Se oye decir que la insaciable codicia capitalista tiene la culpa o que la tecnología tiene la culpa. Se oye decir que los padres tienen la culpa o que la culpa es de la escuela o el Rock. A veces se oye decir que los síntomas mismos tienen la culpa: cosas como la pobreza, la opresión y la injusticia; cosas como la superpoblación, la indiferencia burocrática y la corrupción política.
Éstas son algunas de las teorías más comunes que se formulan para explicar qué es lo que ha ido mal. Oirás otras. La mayor parte debe deducirse de los remedios que proponen para corregirlos. Habitualmente, estos remedios se expresan del siguiente modo: lo que tenemos que hacer es tal y tal cosa. Elegir el partido político justo. Deshacerse de tal o cual dirigente. Maniatar a los nacionalistas. Maniatar a los socialistas y a los populares. Dictar leyes más estrictas. Sentenciar a penas más largas. Restaurar la pena de muerte. Matar a los judíos, matar a los antiguos enemigos, matar a los extranjeros, matar a quien sea, pero matar a alguien. Meditar. Rezar el rosario. Ir más a la iglesia. Aumentar la concienciación. Desarrollar un nuevo nivel de existencia...
Quiero que comprendas por qué estoy haciendo esto. Estoy proponiendo una nueva teoría para explicar qué es lo que ha ido mal. No es un asunto menor, no es una refacción de la sabiduría convencional. Se trata de algo inaudito, algo completamente novedoso en nuestra historia intelectual. Aquí lo tienes: estamos sufriendo un derrumbamiento cultural. El mismo hundimiento que sufrieron los indígenas de las praderas de Estados Unidos cuando se destruyó su estilo de vida y fueron confinados en Reservas. El mismo hundimiento que sufrieron innumerables pueblos aborígenes arrasados por nuestra civilización en África, América del Sur, Australia, Nueva Guinea y otras partes. Lo que importa no es que las circunstancias del hundimiento fueran distintas para ellos y para nosotros. Los resultados fueron los mismos. Para ambos, en pocas décadas, las realidades impactantes invalidaron nuestra visión del mundo y despojaron de todo sentido a un destino que siempre había parecido evidente. La canción que habíamos estado cantando desde el principio de los tiempos enmudeció de repente en nuestras gargantas.
El resultado fue el mismo para ambas partes: todo se desmoronó. No importa si uno vive en chozas, cuevas, tiendas o rascacielos, las cosas se desmoronan. El orden y los objetivos son reemplazados por el caos y el desconcierto. La gente pierde la voluntad de vivir, se vuelve indiferente, se vuelve violenta, se vuelve suicida y se entrega a la bebida, las drogas y el delito. El molde que una vez sostuvo todo en su lugar, está hecho añicos, y las leyes, las costumbres y las instituciones caen en desuso y dejan de ser respetadas, especialmente entre los jóvenes, que ven que ni siquiera sus mayores les encuentran ya ningún sentido.
Y eso es lo que ha pasado aquí, lo que nos ha pasado a nosotros. La Rana sonrió arrogantemente durante diez mil años, mientras el agua se calentaba cada vez más, pero finalmente, cuando por fin el agua empezó a hervir, la sonrisa dejó de tener sentido porque la Rana estaba muerta.
Por fin las circunstancias han hecho añicos nuestra demente mentalidad, nuestra demente visión cultural, han despojado de sentido nuestra historia sagrada, nuestra mitología autoengrandecedora, han sofocado por fin nuestra arrogante canción. Hemos perdido la capacidad de creer que el mundo fue hecho para el Hombre y que el Hombre fue hecho para conquistarlo y gobernarlo. Hemos perdido nuestra capacidad de creer que automática e inevitablemente el mundo aprobará nuestras conquistas, que se tragará todo el veneno que podamos generar sin sufrir ningún daño. Hemos perdido nuestra capacidad de creer que Dios está inequívocamente de nuestro lado, contra el resto de la Creación.
Y por lo tanto, nos estamos... viniendo abajo...
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