3.3 El mundo fue creado para el Hombre y el Hombre fue creado para conquistarlo y gobernarlo
Èsta no fue la visión humana, no fue la visión que nació en nosotros cuando aparecimos en este planeta. Ésta es la visión que nació con nosotros cuando nació nuestra cultura particular, hace diez mil años. Éste fue el manifiesto de nuestra revolución, que debía llevarse a todos los rincones de la Tierra.
Los constructores de los zigurats de Ur o las pirámides de Egipto no pusieron en duda este manifiesto. Tampoco lo pusieron en duda los cientos de miles de personas que trabajaron para amurallar China y separarla del resto del mundo. No lo pusieron en duda los mercaderes que transportaban oro, vidrio y marfil de Tebas a Nippur y Larsa. No lo pusieron en duda los escribas de los hititas, los elamitas y los mitanni, que fueron los primeros en dejar constancia de la conquista imperial en tablillas de arcilla. No lo pusieron en duda los herreros que llevaban sus poderosos secretos de Babilonia a Nínive y Damasco.
No lo pusieron en duda ni Darío de Persia ni Filipo de Macedonia ni Alejandro Magno. No lo pusieron en duda ni Confucio ni Aristóteles. No lo pusieron en duda ni Aníbal, ni Julio César ni Constantino, el primer protector imperial de la farsa del cristianismo. No lo pusieron en duda los saqueadores que se llevaron los restos del Imperio romano: los hunos, los vikingos, los árabes, los ávaros y otros. No fue puesto en duda por Carlomagno ni por Gengis Jan. No fue puesto en duda ni por los cruzados ni por los asesinos chiítas. No fue puesto en duda por los comerciantes de la Liga Hanseática. No fue puesto en duda por el Papa Alejandro VI, que en 1494 decidió como debía repartirse el mundo entre las potencias colonizadoras de Europa. No fue puesto en duda por los pioneros de la revolución científica: Copérnico, Kepler y Galileo. No lo pusieron en duda los grandes exploradores de los siglos XVI y XVIII.. y ciertamente, no lo pusieron en duda los conquistadores y los colonizadores del Nuevo Mundo. No lo pusieron en duda los fundadores intelectuales de la Edad moderna, pensadores como Descartes, Adam Smith, David Hume y Jeremy Bentham. No lo pusieron en duda los pioneros de la revolución democrática, los teóricos políticos como John Locke y Jean-Jaques Rousseau. No lo pusieron en duda los incontables inventores, pícaros, aficionados, inversores y visionarios de la revolución industrial. No fue puesto en duda por las bandas luditas que destrozaron fábricas en el centro y norte de Inglaterra.
No lo pusieron en duda los gigantes industriales que construyeron los ferrocarriles, armaron a los ejércitos y extendieron el acero: los Du Pont, los Vanderbilt, los Krupp, los Morgan o los Carnegie. No lo pusieron en duda los autores del Manifiesto Comunista, los organizadores del movimiento obrero ni los artífices de la revolución rusa. No lo pusieron en duda los gobernantes que arrojaron a Europa al remolino de la Primera Guerra Mundial. No lo pusieron en duda los autores del Tratado de Versalles ni los autores de la Liga de las Naciones. No lo pusieron en duda la Fraternidad de la Reconciliación ni los firmantes del Oxford Pledge. No lo pusieron en duda los millones de ciudadanos que se quedaron sin trabajo durante la Gran Depresión. No lo pusieron en duda los que luchaban para establecer la democracia parlamentaria en Alemania ni los que finalmente los derrotaron.
No lo pusieron en duda los cientos de miles de personas que trabajaban en una industria mortífera creada para librar a la Humanidad de las "razas inferiores". No lo pusieron en duda los millones de soldados que lucharon en la Segunda Guerra Mundial ni los dirigentes que los mandaron a luchar. No lo pusieron en duda los esforzados científicos e ingenieros que hicieron uso de sus mejores cualidades para sembrar el terror en las ciudades inglesas y alemanas.
EL MUNDO FUE CREADO PARA EL HOMBRE, Y EL HOMBRE FUE CREADO PARA CONQUISTARLO Y GOBERNARLO.
Es evidente que no pusieron en duda ese manifiesto los equipos rivales en la carrera científica para dividir el átomo y construir un arma capaz de destruir a todas nuestras especies. No lo pusieron en duda los fundadores de las Naciones Unidas. No lo pudieron en duda los cientos de miles de personas que en los años de la posguerra soñaban con una utopía en la que la gente descansaría y todo el trabajo lo harían los robots, en la que el poder nuclear sería ilimitado y libre, en la que la pobreza, el hambre y la criminalidad se habrían superado.
Pero ese manifiesto es puesto en duda ahora.. casi en todas partes de nuestra civilización, por gente de toda condición, entre los jóvenes, para quienes el sueño de un futuro radiante en el que la vida será cada vez más dulce, década tras década, siglo tras siglo, ha sido rechazado y carece de sentido. Tus hijos lo saben bien. Lo saben bien en gran parte porque tú lo sabes bien...
Sólo nuestros políticos siguen insistiendo en que el mundo fue hecho para el Hombre, y en que el Hombre fue hecho para conquistarlo y gobernarlo. Tienen la obligación profesional de seguir afirmando y proclamando el manifiesto de nuestra revolución. Si quieren aferrarse a sus puestos, tienen que asegurarnos con absoluta convicción que un futuro glorioso nos espera... siempre que marchemos hacia delante bajo la bandera de la conquista y la autoridad. Nos aseguran esto, y luego se preguntan, año tras año, por qué cada vez acuden a las urnas menos votantes...
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