2.9 Señales de sufrimiento: 1960-2018
La siguiente duplicación de nuestra población se produjo en treinta y seis años, cuando éramos seis mil millones de seres humanos en este maravilloso planeta, todos pertenecientes a nuestra cultura (o civilización, si lo prefieres) Oriente y Occidente, menos unos cuantos millones de humanos pertenecientes a culturas tribales en situación dispersa.
Las voces en nuestro coro de sufrimiento se han ido sumando poco a poco, época tras época. Primero fue la guerra, la guerra como rasgo permanente, la guerra como modo de vida. Durante dos mil años o más, la guerra parece haber sido la única voz del coro. Pero antes de que transcurriera mucho tiempo, se le sumó el delito, el delito como rasgo social permanente, como modo de vida. Y luego hubo corrupción, corrupción como rasgo social permanente, como modo de vida. Antes de que pasara mucho tiempo se le sumó la esclavitud, la esclavitud como comercio mundial y como elemento social permanente. Muy pronto siguieron las sublevaciones: los ciudadanos y los esclavos sublevándose para dar rienda suelta a su impotencia, a su rabia y a su dolor. Luego, cuando los apremios de la superpoblación adquirieron intensidad, el hambre y la peste encontraron sus propias voces y comenzaron a cantar por doquier en nuestra cultura. Numerosas clases pobres comenzaron a ser explotadas si piedad en su trabajo. Las drogas se sumaron a la esclavitud como comercio mundial. Las clases trabajadoras, las llamadas clases peligrosas, se alzaron en rebelión. La economía de todo el mundo se derrumbó; las potencias industriales del planeta participaron en el sometimiento del mundo y en el genocidio.
Y luego venimos nosotros: desde 1960 hasta hoy.
Qué lamento entona nuestra voz en el coro del sufrimiento? Durante unas cuatro décadas el agua ha estado hirviendo alrededor de la Rana. Una por una, de mil en mil, de millón en millón, sus células han dejado de funcionar, inútiles ya para aferrarse a la vida.
La Rana observa el comienzo de un nuevo milenio, y qué observa? Observa grupos humanos, individuos, pueblos enteros enajenados, divorciados de la razón, angustiados, sin palabras... Observa un comienzo de siglo en dónde la tecnología engrandece el disparate y hace más universal que nunca el esperpento. La razón camina en un sentido y los sentimientos en otro. Qué contribuciones ha hecho nuestra civilización a lo largo de su historia para que se abran nuevos caminos a la sensibilidad y a la imaginación? No muchas que sean ejemplares, que alimenten de veras, que despierten la conciencia e intensifiquen la vida. Todo se nos viene encima, y los valores del espíritu caen como castillos de naipes, y apenas entendemos ya lo que pasa en las calles y en la naturaleza.
La Rana observa como la constante desarmonización del mundo, que oprime su garganta y ahoga su voz, es un hecho indiscutible. El Becerro de Oro continúa creando belleza bajo la mentira, la corrupción y la muerte. El poder sigue fundamentando la estética; lo ha hecho siempre al son de las monedas y al crujir de los billetes. Esta es su contradicción, su defensa, su escudo contra el viento del espíritu y de la realidad escondida.
La Rana observa impotente como nuestra sociedad no deja de ser irracional, impotente ante los fantasmas del pasado que retornan una y otra vez con igual fuerza. Observa como el mundo de hoy sigue separando, dividiendo, destruyendo, que no es capaz siquiera de mantener la urdimbre de las ideologías, de los prejuicios. Observa como el capital, sinónimo de poder, no necesita de la hermosura, sólo la utiliza, la apoya como patrón de oro y esquema del dinero. Observa la Rana como el amor agoniza con esta belleza dominada por los nuevos ciudadanos de la muerte.
Una cultura que desprecia el Amor es presagio de nuevos horrores, y está condenada a una vida espiritual apagada, mediocre, porque la vida sin el espíritu interior, sin la esperanza del sueño, es muerte...
La Rana observa como nuestra civilización ha destruido la armonía, el amor, el significado de lo sagrado, la muerte del espíritu, el contacto con Dios y el uso de la imaginación creadora. Como la barbarie, se alimenta de este mundo sin sentido, dónde el corazón explota al pisar el suelo minado.
Te daré un nombre con lo que identificar lo que estamos contemplando a diario, y tú me dirás si estoy en lo cierto o no. Le llamaré... HUNDIMIENTO CULTURAL. De esto habla el lamento que nosotros entonamos en el coro del sufrimiento ahora, y no en lugar de todo lo demás, sino además y encima. Esta es nuestra única contribución al aullido de dolor de nuestra cultura. Por primerisima vez en la historia del planeta, lloramos por el hundimiento de todo lo que conocemos y entendemos, el hundimiento de la estructura con la que se ha construido todo, desde el comienzo de nuestra civilización hasta ahora.
La Rana ha dejado de observar, está muerta, y no podemos imaginar qué significa para nosotros o para nuestros hijos...
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