2. La cocción de la rana
Los científicos nos han proporcionado una metáfora muy útil con la que explicar cierto tipo de comportamiento humano: el fenómeno de la cocción de la rana. El fenómeno es el siguiente. Si dejamos caer una rana en un recipiente con agua hirviendo, sin duda tratará desesperadamente de salir. Pero si la colocamos suavemente en un recipiente con agua tibia a fuego suave, flotará con placidez. A medida que suba la temperatura del agua, la rana se sumirá en un tranquilo sopor, exactamente igual que uno de nosotros en un baño caliente, y antes de que transcurra mucho tiempo, con una sonrisa en el rostro, sin resistirse, permitirá que se le hierva hasta morir.
Todos nosotros conocemos historias de ranas que han sido arrojadas al agua hirviendo; por ejemplo, una joven pareja que se hunde en una deuda catastrófica debido a una crisis económica o una emergencia médica no prevista. Un caso contrario, un ejemplo de la rana hervida sonriente, es el de una pareja joven que gradualmente hace uso de un sistema de crédito fantástico hasta hundirse en una deuda catastrófica. También existen ejemplos culturales. Hace unos seis mil años aproximadamente, las sociedades adoradoras de la Vieja Europa estaban sumergidas en un proceso de ebullición de nuestra cultura que Marija Gimbutas llamó la Ola Kurgan Número Uno; lucharon para salir, pero finalmente sucumbieron. Los indígenas de las praderas de Estados Unidos, que estuvieron sumergidos en otro proceso de ebullición de nuestra cultura en la década de 1870-1880, constituyen otro buen ejemplo; lucharon para salir durante las dos décadas siguientes, pero finalmente fueron conquistados y sucumbieron.
Un ejemplo contrario, un ejemplo de la rana-hervida-sonriente, lo proporciona nuestra propia civilización. Cuando Caín sufrió un cambio de mentalidad y se hizo agricultor, nos deslizamos dentro de la olla, cuando el agua tenía una temperatura perfecta, ni caliente ni fría. Eso ocurrió en Oriente Próximo, hace diez mil años. Allí fue donde nació nuestra mentalidad particular, nuestro estilo de vida particular, nuestra forma de agricultura particular y definitoria, y nosotros (la estirpe de Caín) comenzamos a ser nosotros. Ése fue nuestro lugar de nacimiento cultural. Ése fue el lugar y el momento en que nos sumergimos en esas aguas tan placenteras: Oriente Próximo, hace aproximadamente diez mil años.
A medida que el agua de la olla se va calentando lentamente, la rana siente sólo un agradable calor, y eso es todo lo que hay que sentir. Ha de pasar mucho tiempo antes de que el agua empiece a estar peligrosamente caliente, y nuestra propia historia así lo demuestra. Durante más de la mitad de nuestra historia, los primeros cinco mil años, las señales de sufrimiento son casi inexistentes. Las innovaciones tecnológicas de este periodo indican una vida tranquila, centrada alrededor del hogar y la aldea: ladrillos secados al sol, alfarería cocida en el horno, tela tejida, y así sucesivamente. Pero de forma gradual, imperceptible, empiezan a aparecer las primeras señales de sufrimiento como diminutas burbujas en el fondo del recipiente.
Qué buscamos cómo señales de sufrimiento? Suicidios en masa? Revolución? Terrorismo? No, claro que no. Esas señales vendrían mucho después, cuando el agua estaba intolerantemente caliente. Hace cinco mil años estaba sólo templada. La gente se enjugaba el sudor de la frente y sonreía a su prójimo diciendo: "No es grandioso?".
Sabrás dónde buscar las señales de sufrimiento si identificas el fuego que ardía debajo de la olla. Ardía allí al comienzo y seguía ardiendo cinco mil años después... y aún hoy sigue ardiendo exactamente de la misma manera. Fue y es el gran elemento caldeador de nuestra revolución. Es lo esencial. Es la condición sine qua non de nuestro éxito, si es que es un éxito.
No estoy hablando de la agricultura, no. La agricultura no. Estoy hablando de un ESTILO particular de agricultura. Un estilo particular que ha sido la base de nuestra civilización desde sus comienzos, hace diez mil años, hasta el presente; la base de nuestra cultura y que no se encuentra en ninguna otra. Es nuestro, es lo que nos hace a nosotros NOSOTROS. Por su total impiedad hacia cualquier otra forma de vida en este planeta, y por su firme determinación de convertir cada centímetro cuadrado de este planeta en terreno propicio para la producción de alimento humano, se le ha llamado agricultura totalitaria.
Los etólogos, los estudiosos del comportamiento animal y unos cuantos filósofos que han reflexionado acerca del tema saben que hay una forma ética que se practica en la comunidad de la vida de este planeta... exceptuandonos a nosotros, claro. Es un tipo de ética muy sabia y muy práctica, puesto que sirve para salvaguardar y promover la diversidad biológica dentro de la comunidad. De acuerdo con esta ética, observada por todo tipo de criaturas dentro de la comunidad de la vida, tanto tiburones como ovejas, tanto abejas asesinas como mariosas, "saben" que un ser puede competir usando su capacidad al máximo, pero no puede perseguir y aniquilar a sus competidores, destruir su alimento o impedirles acceder a él. En otras palabras, uno puede competir pero no desatar guerras. Esta ética es violada en todos los puntos por los que practican la agricultura totalitaria. Nosotros perseguimos a nuestros competidores, destruimos su alimento, y les negamos el acceso al mismo. En realidad, ése es el propósito y la intención de la agricultura totalitaria. La agricultura totalitaria se basa en la premisa de que todo el alimento del planeta nos pertenece a nosotros, y no hay límite en absoluto para aquello que podamos tomar para nosotros y negar a los demás.
La agricultura totalitaria no se adoptó en nuestra civilización por pura maldad. Se adoptó porque, por su propia naturaleza, es más productiva que cualquier otro estilo (y hay muchos otros estilos, como la caza o la recolección). La agricultura totalitaria representa la productividad al máximo. Representa la productividad de una forma que literalmente no puede superarse.
Muchos estilos de agricultura (no todos, pero sí muchos) producen excedentes de alimentos. Pero, y no es sorprendente, la agricultura totalitaria produce mayores excedentes que cualquier otro estilo. Produce excedentes al máximo. Lo que ocurre es que nadie puede producir más que un sistema diseñado para convertir todo el alimento del mundo en alimento para los seres humanos.
Esa nueva mentalidad que fomenta la agricultura totalitaria como base de la existencia, es el fuego que hay debajo de nuestra olla. Esa mentalidad es lo que nos ha mantenido en "ebullición" durante diez mil años...
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