1.3 La Gran Verdad
Lo que se olvidó durante la Gran Mentira fue que, antes del advenimiento de la agricultura y la vida en la aldea, los humanos habían vivido de una manera muy distinta.
Esto explica por qué la Gran Mentira no fue revelada por el desarrollo de la teoría evolutiva. La evolución, en realidad, no tiene nada que ver con esto. Fue la paleontología la que puso al descubierto la Gran Mentira (y lo habría hecho aunque nunca se hubiera propuesto una teoría de la evolución). Lo hizo demostrando de manera irrefutable que los humanos habían existido muchísimo antes de cualquier fecha concebida para el inicio de la primera cosecha y el comienzo de la civilización.
La paleontología hizo insostenible la idea de que la humanidad, la agricultura y la civilización comenzaron aproximadamente al mismo tiempo. La historia y la arqueología habían dejado fuera de toda duda que la agricultura y la civilización tenían apenas unos miles de años de antigüedad, pero la depaleontología dejó bien sentado que la humanidad tiene millones de años de antigüedad. La paleontología hizo imposible creer que el hombre hubiese nacido agricultor y construcción de civilizaciones. La paleontología obligó a llegar a la conclusión de que el hombre había nacido como algo totalmente diferente... un ser libre, sostenido por los alimentos que la madre naturaleza le proporcionaba... y esto es lo que se había olvidado durante la Gran Mentira...
Resulta desconcertante preguntarse qué habrían escrito los "pensadores" que fundaron nuestra cultura si hubieran sabido que los humanos habían vivido bien en este planeta durante millones de años sin agricultura y sin civilización, si no hubieran olvidado que la agricultura y la civilización no son ni remotamente innatos en los humanos. La conclusión a la que puedo llegar es que el curso íntegro de nuestra historia intelectual hubiera sido diferente de lo que encontramos hoy en las bibliotecas.
Pero aquí tenemos uno de los acontecimientos más sorprendentes de toda la historia de la humanidad. Cuando los pensadores de los siglos XVIII, XIX y XX se vieron finalmente obligados a admitir que toda la estructura del pensamiento, en nuestra civilización, se había levantado sobre un error tan grave, y no sucedió nada.
Es difícil darse cuenta de que no sucede nada. Todo el mundo lo sabe. Los lectores de novelas de Sherlock Holmes recordarán que lo más extraordinario que el perro hizo durante la noche fue... que no hizo nada. Y esto es lo extraordinario que estos pensadores hicieron: nada. Evidentemente no les interesó hacer algo, no les interesó retroceder a todos los pensadores fundamentales de nuestra cultura y preguntarles cómo hubiera cambiado su obra si hubieran conocido la verdad acerca de nuestros orígenes. Me temo que la verdad es que querían dejar las cosas tal como estaban. Querían continuar olvidando... y eso es exactamente lo que hicieron.
Por supuesto, se vieron obligados a hacer algunas concesiones. No podían seguir enseñando que los humanos habían nacido labrando la tierra. Tuvieron que enfrentarse con el hecho de que la labranza era en realidad un acontecimiento muy reciente. Se dijeron: "Bueno, llamèmoslo revolución... revolución agrícola". Ésta era una idea inadecuada hasta extremos inconcebibles, pero, quién iba a discutirsela? El asunto era vergonzoso, y se sintieron felices de darlo por solucionado con una etiqueta. Entonces se convirtió en la revolución agrícola, una nueva mentira que iba a ser perpetuada a través de los tiempos.
Los historiadores se disgustaron seriamente cuando se enteraron del verdadero alcance de la historia humana. La disciplina que cada uno de ellos estudiaba, toda su concepción del mundo, había sido moldeada por personas que creían que todo había comenzado unos miles de años antes, cuando la población humana apareció sobre la Tierra e inmediatamente comenzó a labrar el suelo y a construir una civilización. Esto era la historia, la historia de los agricultores que aparecieron unos miles de años antes para convertir comunidades agrícolas en aldeas, aldeas en ciudades, ciudades en reinos. Esto era todo, o así les parecía a ellos. Esto era lo que les importaba, y los millones de años precedentes merecían ser despreciados y olvidados.
Los historiadores se negaron a tocar este otro material, y aquí está la excusa que crearon para justificarse: no tenían que tocarlo... porque no era historia. Era algo novedoso llamado prehistoria. Eso era lo que necesitaban, que alguna raza inferior se ocupara del tema... no verdaderos historiadores, sino más bien prehistoriadores.
De esta manera los historiadores modernos pusieron su sello de aprobación sobre la Gran Mentira. Lo que se olvidó en la Gran Mentira no fue algo importante, fue sólo prehistoria. Algo que no valía la pena considerar. Un periodo enormemente largo donde no pasaba nada.
La Gran Verdad se convirtió de esta manera en algo que nunca sucedió. Los guardianes intelectuales de nuestra civilización, es decir, los historiadores, los filósofos, los teólogos... no querían saber nada al respecto. Los cimientos de todas sus disciplinas habían sido echados durante la Gran Mentira y no querían ni les interesaba someterlos a revisión. Estaban totalmente satisfechos de que continuara la Gran Mentira... y, a todos los fines prácticos, eso fue exactamente lo que hicieron. La concepción del mundo que transmitimos a nuestros hijos hoy es fundamentalmente la misma que se transmitía a los niños hace cuatrocientos años. En vez de enseñar a nuestros hijos que la humanidad comenzó hace unos miles de años (y que no existía antes), les enseñamos que la historia humana comenzó hace unos miles de años (y que no existía antes). En vez de enseñar a nuestros hijos que la civilización es lo que es la humanidad, les enseñamos que la civilización es lo que es la historia. Las diferencias son simplemente superficiales. Pero todo el mundo sabe que ambas cosas se reducen a lo mismo.
De esta manera la historia humana se reduce al período que corresponde exactamente a la historia de nuestra cultura, con el otro 99,7% de la historia humana descartada como un simple preludio...
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