1.2 Echando los cimientos

   Echar los cimientos de ideas que son obvias para mí pero fundamentalmente extrañas para quienes me leen, significa que debo comenzar por hacerte comprender que la conciencia cultural que heredamos de nuestros padres y que transmitimos a nuestros hijos está directa y sólidamente construida sobre la Gran Mentira que tuvo lugar en nuestra cultura en todo el mundo tras la "Caída", y durante los milenios formativos de nuestra civilización. Lo que ocurrió durante esos esos milenios formativos fué que las comunidades tribales neolíticas se convirtieron en aldeas, las aldeas se convirtieron en ciudades y las ciudades se unieron en reinos. En relación con estos acontecimientos se dieron el desarrollo de la división del trabajo en tendencias artesanales, el establecimiento de sistemas de comercio regionales e interregionales, y el surgimiento del comercio como profesión independiente. Lo que se estaba olvidando mientras todo esto ocurría era que había habido una época en que ninguna de estas cosas existía, una época en la que la recolección de alimentos y la caza eran la base de la vida humana, cuando todas las tribus de la Tierra hacían la "voluntad de Dios", cuando ni siquiera se soñaba con aldeas, ciudades ni reinos, una época en la que nadie se ganaba la vida como alfarero ni haciendo canastas ni trabajando el metal, una época en que el comercio era inconcebible como medio de vida.


   Apenas podemos sorprendernos de que ese olvido tuviera lugar y que con el tiempo se transformase en una Gran Mentira. Por el contrario, es difícil imaginar cómo pudo haberse evitado. Habría sido necesario aferrarse al recuerdo de nuestro pasado cazador-recolector durante cinco mil años hasta que alguien hubiera escrito una crónica sobre la época.


   Cuando por fin estuvimos preparados para escribir la historia humana, los acontecimientos fundamentales de nuestra cultura eran hechos antiguos, muy antiguos... pero esto no los convierte en inimaginables. Por el contrario, eran muy fáciles de imaginar, explorandolos hacia el pasado. Y así, era evidente que los reinos e imperios de ese presente eran más grandes y populosos que los del pasado. Era evidente que los artesanos de ese presente tenían más conocimientos y más habilidades que los artesanos del pasado. Era evidente que los productos disponibles para la venta y el comercio eran más numerosos en ese presente que en el pasado. No se requería un gran esfuerzo de inteligencia para entender que, a medida que uno retrocede más y más en el tiempo, la población (y en consecuencia los pueblos) se volvían cada vez más pequeños, los oficios cada vez más primitivos, y el comercio cada vez más rudimentario. De hecho, era obvio que, si retrocedían lo suficiente, llegarían a un comienzo en el cual no habría pueblos, no habría oficios, no habría comercio...


   En ausencia de cualquier otra teoría, parecía razonable (incluso inevitable) suponer que la raza humana debía de haber comenzado con una sola pareja humana, un hombre y una mujer originales (Adán y Eva). No había nada inherentemente irracional o improbable con respecto a esa suposición. La existencia de un hombre original y de una mujer original no era un argumento a favor o en contra de un acto de creación divina. Tal vez sea así como comienzan las cosas. Tal vez en el comienzo del mundo había un hombre y una mujer, un toro y una vaca, un caballo y una yegua, una gallina y un gallo, y así sucesivamente. Quién sabía más en este punto? Nuestros antepasados culturales no sabían nada acerca de ninguna Gran Mentira. Por lo que a ellos respectaba, los humanos habían nacido labrando la tierra, de la misma manera que los venados habían nacido pastando. Tal y como ellos lo veían, la agricultura y la civilización eran tan naturalmente humanos como el pensamiento o el lenguaje. Nuestro pasado cazador-recolector no fue solamente olvidado, sino que era inimaginable...


   La Gran Mentira estaba tejida en la urdimbre de nuestra vida intelectual desde sus mismísimos comienzos. Este tejido temprano fue realizado por los escribas anónimos del Antiguo Egipto, Sumer, Asiria, Babilonia, India y China; luego más tarde por Moisés, Samuel y Elías de Israel, por Fabio Pictor y Catón el Viejo de Roma, por Ssu-ma T'an y su hijo Ssu-ma Ch'ien de China, y más tarde por Helánico, Herodoto, Tucídides y Jenofonte de Grecia. (Aunque Anaximandro conjeturó que todo evoluciona a partir de una materia informe, que él llamó "lo ilimitado", y que el hombre surgió de antepasados con aspecto de pez, era tan poco consiste de la Gran Mentira como los demás). Todos estos antiguos "pensadores" fueron los maestros de Isaías y Jeremías, Confucio y Gautama Buda, Tales y Heráclito, Krishna y Zoroastro, Sócrates, Platón, Aristóteles... que fueron a su vez los maestros de Mahoma y Tomás de Aquino, Bacon y Galileo, Newton y Descartes, y cada uno, inconscientemente, materializó y ratificó la Gran Mentira en sus obras de manera que todos los textos de historia, filosofía y teología, desde los orígenes de la escritura hasta casi la época presente, la incorporaron como una suposición integral e incuestionada.


   Esta es la Verdad. Y la Verdad te hará libre. Y espero, espero sinceramente, que haya muchas personas que estén ardiendo en deseos de recuperar la vista y de saber por qué ni uno solo de ellos jamás oyó ni una palabra acerca de la Gran Mentira (puedes darle el nombre que sea) en cualquiera de las clases a las cuales han asistido en cualquier escuela y en cualquier nivel, desde el jardín de infancia hasta el ciclo universitario. Si se hacen esta pregunta, estén seguros de que no es de ningún modo una cuestión académica; es una pregunta Vital, y no dudó en asegurar que el futuro de nuestra especie en este planeta depende de ello...


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